3 de diciembre de 2016 00:00

Alegre y florido fue el Festival de la Virgen

David Fandila, El Fandi en una larga cambiada con la que inició su vibrante actuación con el quinto novillo - toro. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO

David Fandila, El Fandi en una larga cambiada con la que inició su vibrante actuación con el quinto novillo - toro. Foto: Pavel Calahorrano/ EL COMERCIO

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Gonzalo Ruiz
EL COMERCIO (O)

La noche con que la afición taurina de Quito celebró el 12° Festival Virgen Esperanza de Triana fue muy entretenida. Enrique Ponce, con una oreja, El Fandi, con cuatro de ellas y Sebastián Castella, con dos, todas simbólicas y representadas con enormes rosas rosadas de la variedad Cotton Candy, dejan ver lo festivo del ambiente y la generosa concesión de trofeos, algo común en los festivales cuyo nivel de exigencia a la hora de entregar los premios suele ser menor que en las corridas de toros.

Con una Plaza Belmonte, ubicada en la puerta del Centro Histórico de Quito, llena completamente, se lidiaron cuatro novillos toros de Triana y dos de Huagrahuasi. Un encierro con vibración y complicaciones, destacando el cuarto, que humillaba por un gran pitón derecho y la pelea en varas del quinto, ambos de Huagrahuasi.

El festejo se inició con un emotivo paso de la estatuilla de la Virgen en andas, llevada por Ponce, El Fandi, Castella y Roca Rey y la Salve Rociera como cántico de la expresión de fe, mientras la plaza se iluminaba con las velas que los espectadores tenían en sus manos.

No faltó el minuto de silencio respetuoso por el fallecimiento este año del expresidente Sixto Durán Ballén, quien también fuera exalcalde de Quito, lo mismo que el recuerdo para Álvaro Pérez Intriago, ambos aficionados a los toros. Además, el público expresó su sentir por el accidente aéreo en que fallecieron varios futbolistas del equipo Chapecoense.

Enrique Ponce estuvo torero y elegante en el saludo capotero y logró una faena meritoria que supo medir las embestidas del primero de Triana que iba con la cara alta. Ponce ratificó su magisterio. Oreja.

El cuarto, del hierro de la H, fue el que más humilló, si bien la faena no tuvo continuidad fue rica en excelentes muletazos de manos bajas por el mejor pitón. Ponce saludó una cariñosa y respetuosa ovación.

David Fandila, 'El Fandi', salió a justificarse alcanzando momentos de vibración en medio de la algarabía de un público que le tiene como ídolo y disfruta de su entrega y fase espectacular. Larga cambiada, verónicas, galleo por chicuelinas, explosivo tercio de banderillas y una faena de muleta que brindó al doctor Gil Bermeo, quien le atendió el año pasado de la fuerte cornada en esta plaza. Fandila inició de rodillas y alcanzó conexión con los tendidos en los pases de derecha, con buenos pasajes y circulares, fecunda en sus adornos y con momentos de tensión cuando la res buscaba el bulto. Dos orejas.

En el cuarto el torero de Granada saludó con una larga cambiada en la que el novillo le pasó por arriba, verónicas y chicuelinas. El quite por zapopinas fue celebrado y en banderillas logró momentos de apreturas y alguna imprecisión pero la ovación fue de gala. La faena derechista fue un compendio de su vistosa puesta en escena que encanta a los tendidos con la vibrante transmisión del burel. Dos orejas.

Sebastián Castella cerraba la terna y empezó su labor con buen manejo del capote y, luego del buen puyazo de Bayardo, un quite por tafalleras pinturero. Brindó al empresario y ganadero José Luis Cobo. El novillo, como la mayoría de los lidiados la noche del viernes en la Plaza Belmonte, embestía mejor por el lado derecho por donde Castella se prodigó, pese a intentar sin mayor ligazón ni templanza el toreo al natural. Aplausos.

En el sexto el diestro francés desplegó la tersura de su capote. Bellas verónicas y una faena derechista en varias series que logró los mejores pasajes de sus presentaciones este año en el Ecuador. Los naturales fueron conseguidos con esmero dada la condición de la res. La faena tuvo un epílogo de exposición antes del final con vuelta triunfal, tras haber recibido dos rosas como orejas que entregó a las cuadrillas.

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