Vuelta al ruedo para el Cid, en otra tarde de muy escaso contenido en Sevilla

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EFE

Una solitaria vuelta al ruedo para el Cid, a la muerte del cuarto toro, fue el escaso balance estadístico de la corrida de hoy, 7 de mayo, de la feria de Sevilla (sur), otro festejo con muy escaso contenido artístico.

FICHA DEL FESTEJO:

Cinco toros de los hierros de Domingo Hernández (2º y 4º) y Garcigrande (3°, 5° y 6°), desiguales de hechuras y de volúmenes, y de variado juego y fondo, la mayoría nobles. Y uno de Jandilla (1º), bien presentado y bravo.

El Cid: estocada tendida atravesada y descabello (silencio); estocada desprendida y descabello (vuelta al ruedo tras leve petición de oreja). Daniel Luque: pinchazo bajo, estocada delantera desprendida y descabello (ovación); media estocada desprendida (silencio). Arturo Saldívar: estocada corta tendida trasera y dos descabellos (silencio); pinchazo hondo y media estocada baja (silencio).

Entre las cuadrillas, destacaron picando Óscar y Juan Bernal. Abraham Neiro saludó en banderillas, con las que también brillaron Víctor Hugo y David Saugar. La plaza se cubrió en las dos terceras partes de su aforo, en el noveno festejo del abono.

CALOR Y TEDIO:

Esta Feria de Abril traspasada a mayo ha entrado en una sima de calor africano y tedio taurino. Sin grandes emociones en el ruedo, con menos gente que otros años en el tendido y con los farolillos del ferial como gran reclamo de la fiesta, la Maestranza vive una larga siesta de la que parece que, a estas alturas, pueden sacarla pocos toreros.

Porque, aun así, y después de que los veterinarios rechazaran nueve de los catorce toros presentados por la divisa salmantina, en la corrida Garcigrande hubo ejemplares con posibilidades de éxito, sumando incluso el remiendo de Jandilla que abrió plaza.

Y si a varios les faltó fondo, tal vez cabe achacarlo al castigo en varas, donde la corrida empujó bastante más de las que van lidiadas hasta el momento. Bravo ya fue el primero de la tarde, un castaño cinqueño al que el Cid hizo una faena plagada de desigualdades, sin imponer un ritmo uniforme a un toro al que no acabó de cuajar en una faena que se fue diluyendo discretamente.

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Extrañamente, en el lote del torero de Salteras entró también el otro cinqueño de la tarde, éste de Domingo Hernández, que fue perdiendo celo en banderillas hasta marcar una acusada querencia a chiqueros.

A mitad de camino desde el tercio de capotes le cuajó el Cid una buen tanda de derechazos, en las que el toro embistió con mucho recorrido, abriéndose sin codicia pero con vibración en cada pase. Tal vez fuera ese el terreno ideal para que la faena mantuviera el tono, sin permitir al toro cumplir su capricho.

Sólo que el diestro sevillano dejó que el trasteo se trasladara a esa marcada querencia por toriles del animal, justo donde menos se molestaron el uno al otro. Y de vibrante la obra pasó sólo a vistosa, con una estética liviana que no provocó los pañuelos suficientes para la concesión del trofeo, aunque sí avaló esa solitaria vuelta al ruedo.

Otro de los claros toros de triunfo fue el segundo, un bravo chorreado que no le negó a Daniel Luque una sola arrancada, todas con prontitud y entrega, aunque tuviera la rémora de su debilidad de remos. Necesitaba, pues, el toro pulso y precisión en las telas y en el trazo de los pases, lo que no siempre supo aplicarle Luque, cuya faena se alargó entre altibajos hasta que falló con la espada.

El quinto fue un toro noblón y de poco fondo con el que el torero de Gerena se extendió en un muleteo especulativo y conservador. Muy similar fue la faena que le hizo Arturo Saldívar al sexto, otro toro noblote e insulso, pero con el tercero, el toro de mayores complicaciones de la corrida, el mexicano había hecho al menos un esfuerzo de sordo mérito aguantando con solidez la falta de entrega y las amenazas del de Garcigrande.

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