Triunfo de Manzanares, fogonazos de Morante y poso de Finito en Valencia

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EFE, Valencia

Una faena de José María Manzanares, generosamente premiada con dos orejas, los deslumbrantes destellos de Morante de la Puebla, sobre todo a la verónica, y el poso del toreo de Finito de Córdoba redondearon el sábado 15 una buena tarde de toros en la plaza de Valencia, que se llenó por primera vez en la feria.

FICHA DEL FESTEJO:

Toros de Juan Pedro Domecq, el primero como sobrero, dispares de volumen pero casi todos de muy buenas hechuras, y de buen juego en conjunto, y que fueron a más a pesar de sus medidas fuerzas.

  • Juan Serrano "Finito de Córdoba": estocada y seis descabellos (silencio tras aviso); estocada (oreja tras aviso).
  • José Antonio "Morante de la Puebla": estocada (oreja); media tendida (ovación tras aviso).
  • José María Manzanares: estocada delantera (dos orejas); pinchazo y estocada (ovación).
  • Buena tarde en general de las cuadrillas, entre las que saludó en banderillas Curro Javier.
  • La plaza se llenó por completo en tarde soleada y de buena temperatura.

EL SOL Y EL TOREO

Salió de nuevo el sol en Valencia y con él volvió el calor del toreo a las Fallas, en una tarde a plaza llena y sin faenas verdaderamente redondas pero con instantes de gran calidad para el paladeo del aficionado.

Porque, aunque José María Manzanares fue el único de la terna que salió a hombros, no fue él quien firmó el toreo de más calidad de la tarde, que, en distintos palos, lo plasmaron Finito de Córdoba y Morante de la Puebla.

La faena premiada del alicantino, a un templado y noble toro de Juan Pedro Domecq, tuvo sobre todo lo demás la virtud de la ligazón en las series con la mano derecha, rematadas siempre con cierto regusto. Pero la falta de ajuste de varios de los muletazos le restó entidad a un trasteo que se valoró muy generosamente con el doble trofeo tras una efectiva estocada.

Mejores avales iba tomando la actuación de Manzanares con el también enclasado sexto, al que formó un verdadero alboroto con el capote, tanto en el saludo a la verónica como en un vistoso galleo por chicuelinas.

Pero, ya con el público entregado y de camino a la apoteosis final que anunció el cambio de tercio con diana floreada, un muletazo destemplado dio en tierra con el toro, que se incorporó con la mano izquierda fracturada, frenando en seco el entusiasmo.

Morante logró la cima de su tarde valenciana en el recibo a la verónica a su primero, otro toro de calidad al que durmió literalmente en seis hondos lances hasta más allá de la raya de picadores. Deslumbrante, igual que las tres toreadísimas y lentas chicuelinas que le cuajó en el quite.

En cambio, a pesar del trofeo que paseó, no acabó de fluir su toreo con la muleta, sin terminar de asentarse el sevillano con un toro que se le rebrincó por momentos y al que planteó la pelea muy encimado y con poca consistencia estética.

Al quinto, mansito y con poca entrega, le hizo luego el de la Puebla una faena demasiado larga, en la que lo más lucido fueron los torerísimos y poderosos doblones con que lo sujetó en la apertura. Después, hubo más insistencia que resultados.

Finito de Córdoba, que sobre el papel era el torero menos esperado de la terna, tuvo que remontar varias circunstancias adversas: la falta de expectación, la frialdad de la apertura de plaza y el lote más deslucido por su falta de fuerzas.

Pero con ambos toros estuvo el diestro cordobés igual de paciente e insistiendo con idéntica convicción para, sin prisas, con temple y naturalidad, asentar y meter a ambos astados en la muleta y, de paso, también al público en sus dos faenas.

Con todo, aunque hubo momentos de gran calidad, no entró tanto la gente en su primer turno, ante un sobrero igual de flojo que el toro al que sustituyó. Pero, ya con la corrida embalada con los triunfos de sus compañeros, el público reconoció y degustó los muletazos de Finito al cuarto, los de más clase de la tarde.

De mitad de obra en adelante, ya con el toro y el público centrados en su figura, sus elegantes naturales, su regusto con la derecha, un circular invertido larguísimo, y varios adornos y detalles por bajo de mucho poso dejaron en el ambiente festivo el aroma del toreo más clásico.

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