10 de September de 2012 16:30

Ponce y Liria salen a hombros en corrida 125 aniversario plaza toros Murcia

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Los diestros Enrique Ponce y Pepín Liria, que empataron a dos orejas, salieron hoy a hombros en la segunda corrida de la Feria de Murcia, sudeste español, con la que se conmemoraba el 125 aniversario de su inauguración y en la que su compañero de cartel José María Manzanares cortó un apéndice.

Se han lidiado seis toros de la ganadería de Juan Pedro Domecq, el que hizo primero del hierro de Parladé, todos bien presentados y que se dejaron en líneas generales; los mejores, segundo y quinto, aplaudidos en el arrastre.

La plaza, que aparecía engalanada con guirnaldas por el cumpleaños en esta corrida goyesca, registró tres cuartos de entrada. Los espadas llegaron al coso en tres coches de caballos procedentes de los hoteles donde se han vestido.

Enrique Ponce: ovación con saludos tras aviso y dos orejas.

Pepín Liria, que reaparecía por un día tras despedirse de los ruedos hace cuatro años: dos orejas y ovación con saludos.

José María Manzanares: silencio y oreja tras aviso.

El torero de Chiva encontró poca colaboración en el que abría plaza, un astado noble, pero falto de fuerza, que deslució una faena intentada una y otra vez por el espada, que trató siempre de cuidarlo, llevándolo a media altura y administrando su flojedad.

Se desquitó en el cuarto, que aunque también andaba escaso de fuerzas, tuvo las suficientes para dejar que Ponce dibujara una faena llena de elegancia, suavidad y temple, en la que sacó a relucir sus conocimientos, recursos y sensibilidad.

Pepín Liria ha vuelto a ser en Murcia el ciclón de siempre, con un público que se le ha entregado desde el momento de hacer el paseíllo y que ha vibrado con él en sus dos faenas.

La mejor fue la realizada al segundo del festejo, un gran toro al que el diestro murciano entendió muy bien y al que sacó tandas de muletazos lentos y relajados que se sucedieron entre el clamor colectivo.

No tuvo colaboración en el que hizo quinto, al que recibió a porta gayola para dibujar después dos faroles de rodillas, seguidos de una serie de verónicas.

Fue esta una faena de mayor esfuerzo físico que la primera, pero realizada con la misma predisposición y valor de siempre.

El alicantino José María Manzanares no tuvo suerte con los de su lote.

 

Su primero resultó deslucido y sin clase, por lo que se vio obligado a abreviar al comprobar que todo esfuerzo sería inútil.

El que cerraba plaza carecía de transmisión, y todo lo tuvo que hacer el torero, que se creció ante la adversidad y cuajó una faena muy aceptable, con detalles puntuales de mucha torería.

Al finalizar la lidia del quinto, Liria fue atendido en el mismo callejón de la plaza por el cirujano Ricardo Robles de una herida en la frente producida por el golpe de una banderilla.-EFE

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