Pese a marcharse sin orejas, Adame hizo una gran faena

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Redacción Fiesta Brava

Joselito Adame se alza como la primera figura del toreo mexicano, tras curtir una magnífica actuación en Aguascalientes, con la plaza de esa localidad llena a reventar.

Pese a que el diestro azteca se marchó sin orejas, este hecho termina siendo irrelevante al lado de su valentía y entrega dentro del ruedo.

El sexto toro que lidió el viernes fue uno de los más recordados en su carrera. La plaza se volvió un manicomio, gracias a su rotundo manejo del capote.

¿Por qué no pudo redondear esta gran actuación con trofeos? Por fallas con el acero perdió rabos en sus dos faenas.

El Juli y Morante de la Puebla también comparecieron a este festival.

Se lidiaron seis astados de Los Encinos, muy bien presentados y de juego desigual. Buenos a secas primero y segundo, magnífico el tercero, el cuarto con raza, el quinto un mal toro que no dio facilidades y el sexto, otro ejemplar con clase, estupendo.

Morante no ha salido con los duendes en su favor. En el primero le molestó el viento y lució sin deseos, además se vio pesado con la espada y se retiró al burladero de matadores en música de viento.

No mejoró su actuación con el cuarto, un toro al que había que tirar de él y no solo dejarlo pasar. También lo pinchó el sevillano ante el enfado de la gente, que le abroncó.

El Juli con el segundo de la tarde luchó contra el viento e instrumentó una faena de alto contenido torero, por su fijeza y entendimiento del toro. Su labor interesó muchísimo, pero por desgracia mató de estocada defectuosa, muy trasera, y de todos modos cortó una oreja.

El quinto fue la mancha del encierro, toro sin recorrido, sin colaborar, y Julián estuvo intentando con deseos. Mató pronto y se le ovacionó.

Adame está como candidato para ser el triunfador de la feria: tres corridas, cinco orejas, y esta tarde se le fueron los rabos por pinchar.

La faena al tercero tuvo tintes de altura. Citó a recibir y pinchó en un par de ocasiones, para terminar con estocada. Vuelta al ruedo.

Todavía se superó en el sexto, otra faena de profundos relieves ante el entusiasmo del público que, entregado, le gritaba: "Torero, torero".

Otros dos pinchazos, estocada y descabello le negaron otro rabo, pero no así la fuerte de petición de oreja, no concedida, y otra vuelta al ruedo con el reconocimiento pleno a su valía. Un triunfo grande sin trofeos.

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