Nueve toros en Las Ventas en una tarde tediosa, con un fogonazo de Adame

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EFE

Una soporífera corrida de hasta nueve toros ayer, 14 de mayo, en Las Ventas, acabó con la estela triunfal que había dejado en la víspera la salida a hombros de Iván Fandiño, ya que ni la vuelta al ruedo del mexicano Joselito Adame convenció lo suficiente.

FICHA DEL FESTEJO:

Tres toros de La Palmosilla, bien presentados pero flojos y apagados. Tercero, cuarto y quinto fueron sobreros de Torrealta, González Sánchez-Dalp y La Rosaleda, respectivamente; con movilidad hasta que "se rajó", el primero; rebrincado e informal, el segundo; y soso el último de ellos.

Juan José Padilla: pinchazo, y casi entera trasera y ligeramente tendida y caída (silencio); y metisaca, sablazo y cuatro descabellos (silencio tras aviso). Manuel Escribano, que confirmaba alternativa: estocada desprendida (silencio); y estocada (silencio). Joselito Adame: estocada arriba (oreja); y estocada fulminante (aviso y vuelta al ruedo tras petición de oreja, y bronca "al palco" por denegarla); y tres pinchazos y doce descabellos (silencio tras dos avisos).

La Infanta Elena presenció la corrida desde una barrera del "dos", acompañada por Isabel Flores, esposa de Adolfo Suárez Illana e hija del ganadero Samuel Flores. La plaza tuvo casi tres cuartos de entrada en una tarde soleada.

PESADEZ Y SOBREROS A MANSALVA:

Después del tono triunfal de la corrida de la víspera, la gente terminó hasta la coronilla de tanto sobrero y tan escaso contenido artístico. Corrida de casi tres horas y de hasta ¡cuatro! hierros diferentes por la invalidez de prácticamente todos los ejemplares de la divisa titular, y en la que sólo se salva en parte el mexicano Joselito Adame con el toro menos malo.

Fue en el sobrero de Torrealta que hizo tercero, toro a punto de cumplir los seis años, y que se movió aunque con la cara suelta. Adame planteó faena en la misma boca de riego, con decisión y aplomo, aunque con intermitencias en lo artístico.

Si acaso algún muletazo por el derecho tuvo aroma por temple y largura, y también el valor que mostró en el epílogo metiéndose entre los pitones con el toro ya en las últimas. Quiere decir que fue un valor sólo aparente, pues anteriormente, en lo fundamental, no se ajustó lo debido.

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Agarró Adame una buena estocada que hizo rodar al toro sin puntilla, lo que provocó una efervescente petición de oreja que el usía no tomó en cuenta. Con la tarde ya vencida por la desesperación tanto en el ruedo como en el tendido, Adame acarició por momentos un triunfo que fue evaporándose a medida que el toro perdía fuelle.

Estuvo a tiempo el mexicano en la faena, pero sin llegar a rematar por la escasa colaboración del astado. El que abrió plaza no fue el toro soñado para confirmar la alternativa, por claudicante y apagado.

Escribano lo saludó de hinojos en la puerta de chiqueros, y lo banderilleó con variedad y ajuste, destacando un arriesgado tercer par al quiebro por los adentros, haciendo el cite sentado en el estribo. Pero en la muleta no pasó de discreto el de Gerena por las nulas fuerzas del animal, que estuvo más tiempo en el suelo que de pie.

Su segundo fue el tercer sobrero de la función, de La Rosaleda, en el que volvieron a alternar en banderillas los dos especialistas, y al que Escribano pasó por uno y otro pitón entre el sopor del tendido. Y es que el toro, con la cara natural, sin humillar, no fue apto.

El primero de Padilla, renqueante de los cuartos traseros, no fue tampoco toro propicio. El 'Ciclón de Jerez', sobrenombre con el que también se conoce a Padilla, lo recibió de capa con arrebatados delantales, y pareó asimismo reunido y arriba.

Hubo emotividad en un sentido brindis a su amigo Adolfo Suárez Illana, muy ovacionado por el tendido. Pero hasta ahí. El toro, protestón, a la defensiva y sin terminar de pasar, no aportó nada, y la faena no pasó de proyecto a pesar de la voluntad del torero.

El cuarto fue un sobrero de Sánchez-Dalp cariavacado y sin apenas remate, que embistió rebrincado y a empellones. Padilla compartió "palos" con Escribano y echó las dos rodillas en tierra para empezar una faena de muleta que terminó diluyéndose por la inseguridad del torero, que a la postre no dijo nada.

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