El mexicano Joselito Adame cortó una oreja en la feria de Sevilla

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EFE

El diestro mexicano Joselito Adame, que tuvo una entregada actuación, cortó la única oreja concedida en el festejo de hoy, 9 de mayo, de la feria de Sevilla, en el que Enrique Ponce también dio una vuelta al ruedo.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Victoriano del Río, de correcta presencia y sin gran aparato en las cabezas. De juego deslucido por su escasa raza los cuatro primeros, destacaron por sus posibilidades de triunfo quinto y sexto.

Enrique Ponce: media estocada atravesada (silencio); dos estocadas cortas tendidas y otra estocada caída (vuelta al ruedo tras aviso). Sebastián Castella: estocada (silencio); pinchazo y estocada (silencio). Joselito Adame: media estocada y dos descabellos (vuelta al ruedo); estocada trasera y tres descabellos (oreja tras aviso).

Entre las cuadrillas, José Chacón y Vicente Herrera saludaron tras banderillear al segundo. La plaza se cubrió en las tres cuartas partes de su aforo, en tarde de ligero viento, en el undécimo festejo del abono.

A FAVOR DE OBRA:

Tras diez días grises, se palpaba en el ambiente que, entrados ya en el fin de semana de farolillos, el público que acudió en mayor número a la Maestranza tenía ganas de divertirse y dar orejas. Y también la banda del maestro de Tejera, que se arrancaba a la mínima ocasión para amenizar la función.

Pero en ese contexto favorable, el único torero de la terna internacional -un francés, un mexicano y un español- que consiguió sacar tajada fue Joselito Adame, que puso toda la carne en el asador para pasear la cuarta oreja concedida en toda la feria a los diestros de a pie.

El trofeo le llegó en el sexto, pero ya antes, en el primero de su lote, el mexicano había dado una vuelta al anillo después de fajarse con un toro frenado, de cortos viajes y a la defensiva.

Tanto a ese como al último los recibió Adame a portagayola, pero sólo esta vez resultaron lucidos los lances posteriores a pies juntos. Y un nuevo quite de los varios que hizo el torero de Aguascalientes en todos sus turnos precedió a unos ceñidos estatuarios y unos secos recortes por bajo con la muleta.

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Suelto y decidido, se mostró el mexicano muy generoso con el toro, que, pese a un amago de rajarse, rompió a galopar mediada una faena de subidas y bajadas en emoción, pero en la que nunca se pudo negar la decisión del joven diestro, que en un descuido sufrió una aparatosa voltereta, girando por completo en la punta del pitón.

Se levantó pronto Adame, ileso, remató su muleteo y se entregó en una estocada contundente de ejecución pero de lentos efectos, hasta dar tiempo a que sonara un aviso que no ahogó la petición del trofeo.

Tambien pudo Enrique Ponce cortarle la oreja al cuarto, de no haber repetido fallo con la espada. El valenciano, que nada pudo sacar del inválido y protestado toro que abrió plaza, recogió en su segundo turno el agradecimiento de la plaza de Sevilla por su detalle de reaparecer en este escenario tras su grave percance de Fallas.

De tal forma, a Ponce se le jaleó y musicó desde el primer momento una faena que hasta más allá de su mitad tuvo una intención meramente práctica, intentando encelar en su muleta a un toro de escasa entrega más allá del lucimiento.

Sin apreturas, para no exigir esfuerzos al animal, colocado al hilo del pitón y con un trazo periférico, Ponce lidió al toro con pulcritud, pero sosteniendo la atención del público con su ciudada y estudiada puesta en escena.

Hasta que, finalmente, logró ligarle los tres únicos derechazos reunidos y bien compuestos de la faena, más un remate vistoso con dos poncinas, un muletazo de su invención que consiste en dar un pase circular desde una postura de forzada flexión de rodillas. Pinchó el maestro, pero la vuelta al ruedo fue de las que un torero saborea.

El francés Sebastián Castella tuvo su enésima tarde anodina en la Maestranza. Un espectacular inicio de trasteo por estatuarios fue lo único reseñable con su aquerenciado primero.

Y poco más que otra buena apertura fue lo que sacó en claro del quinto, un toro al que, durante la casi media hora que duró su lidia, nunca aprovechó una embestida clara que sólo pedía ser provocada desde muy en corto.

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