3 de December de 2011 00:04

El ecuatoriano Hinojosa indultó un toro

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El diestro ecuatoriano Juan Francisco Hinojosa indultó un toro de la ganadería colombiana de Juan Bernardo Caicedo, cortó dos orejas y un rabo simbólicos y salió a hombros por la puerta grande en el quinto festejo de la Feria de Quito 2011.

Con casi lleno en los tendidos en tarde nublada y con lluvia durante la lidia del cuarto toro, se lidió una corrida completa de la dehesa colombiana de Juan Bernardo Caicedo de procedencia Torrestrella y Juan Pedro Domecq. La corrida bien presentada no dio opciones por su falta de casta y transmisión, salvo el sexto, bravo, de nobleza excepcional, de nombre Capitán, número 197 de 470 kilos y de capa jabonera, indultado por pedido general.

Esta ganadería que pasta en dos fincas, una en Sapó, Cundinamarca y otra en Armero, Tolima, tiene vacas y sementales de Guachicono, Torrealta, El Paraíso y Jandilla, hierros muy conocidos de España y Colombia.

Nuevamente hubo reclamos por la libertad y protestas de rechazo político a las autoridades en los tendidos.

Enrique Ponce, de Chiva Valencia, pechó con un su primero, que era distraído, tardo y con la cara alta y recibió una vara larga de Braulio Almeida. El maestro porfió sin resultados. Ovaciones.

Al cuarto, la autoridad lo cambió después de la pica por cuanto rodaba por la arena de modo ostensible. En su lugar salió el sobrero, de la ganadería titular, que embestía con la cara alta y al que Ponce le hizo una faena magistral de ciencia y conocimiento. Saludo capotero a la verónica de buen tono. Buen puyazo de Manolo Quinta y faena de gran técnica por ambos pitones con pasajes superiores por derechazos, algunos de aguante y torería. Oreja simbólica y vuelta entre ovaciones que el maestro dio envuelto en la bandera de Ecuador. Ponce es una de las figuras que venció la polémica desatada en España y vino a Quito en un gesto que le honra y de apoyo a la fiesta brava en la capital del Ecuador.

Sebastián Castella, de Beziers, Francia, saludó a la verónica y ejecutó un bonito recorte de remate. El banderillero Chacón, de su cuadrilla, saludó ovaciones con los palos y Juan José San Martín lidió de modo impecable. El torero galo inició su trasteo con señeros estatuarios. El toro era tardo, se paraba y la faena fue de mucha insistencia y paciencia para arrancar los pases. Apenas bajó la cara en una corta serie de naturales en una labor donde todo lo hacía el torero. Oreja simbólica.

El quinto de la tarde era gazapón y punteaba y no dio opciones al diestro francés. Cumplieron en banderillas San Martín y Pulgar. La faena no fue sino de trámite ante la negligencia de la res.

Juan Francisco Hinojosa, de Ambato, Ecuador volvía a la plaza Quito de la que estuvo ausente por lesiones y tras haber conquistado un triunfo en Ambato en la Feria de las Flores y las Frutas.

Bien presentado fue el primero de Hinojosa, que pronto cantó sus malas intenciones al que lo recibió de una larga cambiada. Tras el puyazo de
Hernán Tapia el toro salió suelto. Mientras la lidia se llevaba de modo desordenada, por las condiciones poco propicias de la res, se escucharon protestas de tono político.

El toro apretó en los primeros doblones de Juan Francisco con la pañosa. Solo le pudo hilvanar tres derechazos y el toro mostraba probaturas y cortaba el viaje. Pasaba con la cara alta, con mal estilo y sin convicción y después de intentar sobre ambos pitones culminó de adornos por manoletinas, molinete y un desplante. Palmas.

Cuando llegó el sexto de la tarde la corrida había transitado por la deriva de la falta de raza de los toros. Pero saltó a la arena Capitán.
Hinojosa lo esperaba de rodillas a porta gayola. El toro se frenó y quiso retornar a los corrales, pero el diestro ecuatoriano le insistió y fue arrollado aparatosamente. Presentó una herida en la frente.

Con el público totalmente a favor compuso un florido saludo por verónicas, chicuelinas y una pinturera media de remate. Aplaudido fue el galleo por chicuelinas y tras el puyazo de Hernán Tapia sobrevino un tumbo. En el quite por talaveranas el entusiasmo general subía de tono. El toro cantaba su condición en el galopar cuando Patatas lo banderilleó.

El torero ecuatoriano fue todo decisión. Se fue a los medios para darle el cambiado por la espalda y tres muletazos de vibración. El toro embestía e Hinojosa hilvanaba una serie en redondos y empezaba a componer una faena transida de entusiasmo y alegría donde la principal virtud fue el valor y la entrega para mostrar las excepcionales características de la res. Nueva serie de derechazos y martinete de remate. Naturales. Molinete para engarzar más pases con la mano derecha y circulares. Más reposada fue la siguiente serie por derechazos de temple cuando la plaza era un hervidero de algarabía y ya empezaban a aflorar los pañuelos blancos solicitando el indulto. Entonces, como suele ocurrir en estas ocasiones, Juan Francisco Hinojosa volteaba su mirada al palco.

La autoridad, impertérrita, aguantaba el pedido del respetable que poco a poco se tornaba en mayoritario y clamoroso. Abajo, en el ruedo, el torero seguía dando pases de variada factura y el toro repetía con fijeza y extraordinaria nobleza. Los muletazos en los medios, de rodillas fueron acaso determinantes para volcar el termómetro de compleja calibración que debe hacer el Presidente de Plaza en medio del fervor.

Entonces llegó la ansiada concesión del indulto. Capitán de Juan Bernardo Caicedo era el segundo toro indultado en esta Feria. Volvía a los corrales entre ovaciones. El alguacilillo entregaba al torero nacional los máximos trofeos, esta vez, simbólicos y con las dos orejas y el rabo en sus manos Juan Francisco Hinojosa emprendía una entusiasta vuelta al redondel en medio del clamor general para salir a hombros con el ganadero.

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