5 de June de 2012 21:09

David Mora se llevó dos orejas en la Puerta Grande de Las Ventas

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La salida a hombros de David Mora en el último momento le dio la vuelta a un festejo marcado por las pocas posibilidades de los toros. Se aburría el público en el tendido y se desesperaban los toreros en el ruedo. Una tarde llena de imposibles por culpa del ganado. Sin embargo, pudo contra todo David Mora, por disposición y capacidad para resolver.

Y eso que no había empezado bien la tarde para él, al propinarle el segundo un tremendo batacazo en el turno de quites. El toro no obedeció al cite llevándoselo por delante en el primer lance.

Se repuso y volvió a la pelea, hecho unos zorros, pero sin mirarse. Empujado por el amor propio acabó enjaretando las dos chicuelinas y la media que llevaba en mente.

Ése iba a ser el marchamo de su tarde: valor, ambición y mucha autenticidad. Mora salió a por todas en multitud de ocasiones, las posibles y otras más que buscó donde cuesta mucho llegar. Difícilmente se ve a un torero tan decidido y despejado de ideas.

El afán de triunfo de quien sabe lo que busca, sin reparar en el precio. Así encontró Mora lo que quería.

Impresionante el autoquite que se hizo con una larga afarolada al caer, tropezándose sólo, en la cara del toro tercero, primero de su lote, después de haberlo cuajado con el capote a base de unos lances bellos y parsimoniosos.

Emotividad y asombrosa unidad en el inicio de faena, con dos ajustados cambios por detrás viniéndole el toro de muy largo en el primero, y ligando por delante en "ochos" muy cerrados.

Lo fundamental alcanzó notable cota en el toreo a derechas, con la figura muy encajada, muleta adelantada en cada cite y los trazos de cada pase limpios y templados, seguidos y muy sentidos.

No fue tanto por el lado izquierdo, ya que por ahí el toro iba más violento. Así que volvió a derechas, y todavía, después de cuatro "cositas" con cierto aroma por la cara, hubo una tanda más al natural de mucha suficiencia.

Como colofón, la estocada. Una gran estocada. Mora entró en corto y por derecho, con una fe ciega. A matar o morir se suele decir. Y fue lo primero. El toro patas arriba, y la plaza blanca de pañuelos para la primera oreja.

En el último estuvo la cosa en otro son por las exigencias del toro, rematadamente manso como el resto del envío. Flojo, sin emplearse en los dos primeros tercios de la lidia, suelto de los engaños.

No era toro para apostar. Y ése fue el mérito de Mora, dándole los desahogos que pedía, en la querencia, cerca de chiqueros. Se tragaba un muletazo, a lo sumo dos, y se iba. De modo que al principio hubo que empezar varias veces. Hasta que impuso su mando el torero en dos tandas por la derecha de mucha consistencia, de compostura y hondura.

Más allá de los pases aislados, el trasteo llegó a tener ritmo y cierta unidad. Lo que parecía imposible al final fue una feliz realidad. Por si faltaba, Mora se entregó otra vez en la suerte suprema, tanto que salió prendido. Un golpe de descabello no fue óbice otra vez para el entusiasmo desbordado. De nuevo una oreja por mayoría, pasaporte definitivo para la cotizada Puerta Grande que reafirma el momento grande y dulce de David Mora.

Los compañeros, sin "material" adecuado, también se justificaron. Curro Díaz le sacó con creces al primero lo poco bueno que tenía en la distancia corta. Toreo exquisito, limpio y muy artista. En el cuarto no pasó nada pues no tuvo el toro voluntad de embestir.

Jiménez hizo asimismo un notable esfuerzo en su lote, con el manso y apagado segundo que pegaba "arreones" aislados, y con el quinto, parado y topón, en consecuencia sin respuesta.

Está claro que en un contexto así vale mucho un triunfo. El de David Mora por supuesto que le va a servir a él, pero es también muy importante para la "Fiesta" misma.

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