David Mora cortó una oreja al mejor toro de la feria de Sevilla

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EFE

El diestro toledano David Mora cortó la única oreja concedida hoy, 8 de mayo, en Sevilla (sur), a un ejemplar de la ganadería salmantina de El Pilar que por su gran calidad y bravura será firme candidato al premio al mejor toro de la feria.

FICHA DEL FESTEJO:

Cinco toros con los hierros de El Pilar y Moises Fraile (2º y 4º), de muy dispar presencia y de buen juego en general, aunque de distinta duración, de los que destacó el tercero por su excepcional calidad. Y uno de Jandilla (1º), sustituto de un titular devuelto, basto y a la defensiva.

Miguel Abellán: media estocada atravesada y media estocada (silencio); estocada atravesada que asoma y tres descabellos (silencio). Manuel Escribano: estocada trasera y cinco descabellos (silencio tras aviso); estocada trasera desprendida (ovación).

David Mora: estocada trasera baja (oreja con leve petición de la segunda); pinchazo y estocada desprendida (ovación). La plaza se cubrió en la mitad de su aforo, en el décimo festejo del abono.

UN TORO PARA EL RECUERDO:

Se llamaba "Niñito", tenía pelo castaño de brillo broncíneo al sol de la Maestranza y unas hechuras tan finas como sus apretados pitones. Pesó 545 kilos y tenía en su expresión la seriedad que dan los cinco años recién cumplidos.

Sirvan los datos para describir al que va a ser uno de los toros más destacados de esta temporada. Aunque, sin apuntar a tan largo plazo, de momento va a ser, casi con absoluta seguridad, el mejor toro de esta feria de Sevilla.

Porque será difícil que vuelva a verse de aquí al próximo domingo una bravura tan prolongada y rebosante de calidad como la de este toro de El Pilar al que David Mora cortó una oreja que supo a poco.

Ya desde que repitió una y otra vez al capote del toledano, "Niñito" enseñó una clase y una alegría en las arrancadas que dejó ver también ante el caballo del picador. Hasta entonces, Mora había tenido ciertos apuros por el exceso de celo del animal, que perseguía incansable los vuelos de las capas de todos cuantos se le pusieron delante.

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Tras un tanteo también dubitativo, acertó el toledano a ponerse directamente a torear en los terrenos del tercio, donde se desarrolló toda la faena. Rompió así "Niñito" a embestir sin pausa, con profundidad, rebosando mucho más allá de lo que le marcaba el insuficiente trazo de los muletazos de su matador.

Y era su brava calidad la que le daba al conjunto una vibración muy especial. Desigual en sus planteamientos, aunque generoso con el toro, David Mora le hizo todo cuanto supo y pudo.

Sólo que su colocación en la pala del pitón en el embroque de los pases, su escasa verticalidad y una muleta que no apuraba las embestidas en toda su dimensión no fueron las respuestas que mereció el de El Pilar.

Una estocada defectuosa evitó la posibilidad de que la presidencia concediera una segunda oreja solicitada por un público que vibró con una faena en la que puso más de su parte el toro que el torero. Lástima que no se le concediera la vuelta al ruedo póstuma.

El sexto, rajado y desclasado, fue el polo opuesto a su hermano de camada. Y con éste Mora volvió a hacer un desigual esfuerzo con pocos resultados.

Manuel Escribano saludó de nuevo a sus dos toros a portagayola, y le cuajó luego a su primero algún hondo lance suelto por el pitón derecho. Después de banderillearlo con sinceridad, el diestro de Gerena no terminó de acoplarse con este ejemplar de la otra sangre de la ganadería, la de Lisardo Sánchez.

Tal vez por encimarse demasiado con un animal que se movía mejor con más espacio por delante.Con el quinto, noble pero desfondado tras el tercio de banderillas, Escribano estuvo templado y pulcro, sin conseguir llegar al tendido.

Miguel Abellán, que volvía a Sevilla tras una larga ausencia, se encontró con un sobrero de Jandilla desabrido y brusco al que lidió con solvencia y sin brillo. Con el cuarto, otro de los "lisardos" de Moisés Fraile, el madrileño abrió la faena de muleta con una improvisada y vistosa variedad. Ese momento redondo y un completo y limpio circular invertido en los primeros compases fueron los estelares de una faena que fue a menos, al ritmo del toro.

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