26 de julio de 2014 00:00

Puerta grande para El Juli, Perera y Ureña

foto: esteban cobo/ efe

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Juan Antonio Sandoval, EFE ( I)

Los diestros Julián López “El Juli”, Miguel Ángel Perera y Paco Ureña triunfaron con un noble encierro de Garcigrande y Domingo Hernández, mal presentado y con los seis toros embistiendo, en el quinto festejo de abono de la Feria de Santander.

Se lidiaron Cinco toros de Domingo Hernández y uno, el primero, de Garcigrande. La plaza rozó el lleno. Embistieron los seis. Y lo hicieron, con sus matices, al modo que las figuras del toreo prefieren.

El caso es que “El Juli” ejerció capitanía con mando en plaza ante sus dos oponentes. El primero, estrechito de sienes y cornicorto, comenzó a escarbar desde el inicio de su lidia.

Era el aviso de que su calidad, viaje dulce, embestida larga y sedosa, debían ser bien administradas, o de lo contrario podría rajarse.

Lo vio a la perfección El Juli después de la primera serie de naturales rotunda, arrastrando la mano por los suelos y al ralentí. Tras este esfuerzo, el toro hizo amago de irse a tablas.

Fue cuando, con un tirón hacia los medios en dirección a los tendidos de sombra, Juli le cambió los terrenos y le embrujó hasta el final en series muy enroscadas con otra zurda superior.

Luego, circulares y un epílogo de recuerdo ojedista, antes del cañonazo con la espada que certificó las dos orejas.

El cuarto perdió las manos, amenazando ruina. Pero su nobleza y las buenas manos que lo condujeron le hicieron deslizar en una faena de no menos de cuarenta muletazos.

La labor más meritoria fue la de Miguel Ángel Perera en el quinto, el astado con más teclas que tocar. A veces se rebrincaba y soltaba la cara, desigual y pelín tosco.

El matador extremeño alcanzó la cima del trasteo en una de naturales muy ligada, con los flecos barriendo la arena, rotunda, plena de poder, mando y plástica.

Fue siempre mástil de elegancia en torno al que orbitaban los pitones, como bajo hipnosis. Trasteo de gran quietud, de figura del toreo, de tío responsable hasta en las bernadinas escalofriantes que precedieron al espadazo. Oreja en cada toro.

Paco Ureña no se quedó atrás. Si pecó de algo, fue de honesto. Quiso ligar sin enmendarse A oreja por toro.

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