02/06/2014

Sergio Galán abrió su quinta puerta grande en la Feria de San Isidro

El rejoneador Sergio Galán en la faena a su primero durante el vigésimo segundo festejo de San Isidro celebrado el sábado 31 de mayo en la Monumental de Las Ventas. Foto: EFE

El rejoneador Sergio Galán en la faena a su primero durante el vigésimo segundo festejo de San Isidro celebrado el sábado 31 de mayo en la Monumental de Las Ventas. Foto: EFE

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EFE
Madrid

El rejoneador Sergio Galán fue el gran triunfador de la tarde del sábado, 31 de mayo, y de todas las dedicadas al arte del toreo ecuestre en la Feria de San Isidro, al cortar tres orejas y abrir así su quinta Puerta Grande de Las Ventas.

FICHA DEL FESTEJO:

Toros para rejones de Fermín Bohórquez, reglamentariamente despuntados, mansos, parados y deslucidos. El único que "medio se dejó", el segundo.

Pablo Hermoso de Mendoza: rejón trasero y, pie a tierra, un descabello (oreja); y dos pinchazos, medio rejón y seis descabellos (silencio). Sergio Galán: rejón (oreja); y rejón (dos orejas). Manuel Manzanares, que confirmaba la alternativa: rejón trasero y contrario, y, pie a tierra, descabello (silencio); y rejón caído (ovación). La plaza se llenó en tarde primaveral.

LA MADUREZ PROFESIONAL DE GALÁN: 

Las corridas de rejones suelen ser en las grandes ferias un paréntesis al grueso de los festejos de a pie. Pero más allá de la ya conocida condescendencia de un público muy aplaudidor, que dan lugar a una cantidad desmesurada de trofeos, todos los que se pasearon tuvieron su peso y su justicia.

Hermoso logró una oreja haciendo las delicias del aficionado montando a "Disparate" en su primera faena, pero lo de Galán fue traca, no solo por las tres orejas y la primera Puerta Grande que abrió entre los rejoneadores, sino por la dimensión de madurez profesional que ofreció.

Galán, que volvía a Madrid tras su ausencia del año pasado, hizo ya un notorio y valeroso esfuerzo para llevar la emoción al tendido frente a un primer toro muy parado, soso y remiso. A pesar de tanta dificultad en contra para diseñar una labor vistosa, sin embargo, no se amilanó el de Tarancón, que arriesgó mucho para clavar muy puro con "Ojeda" y "Trópico".

Sobre "Artista" llegaron las piruetas en los preparativos y una rueda de banderillas cortas final, antesala a un rejonazo de efecto fulminante, salvoconducto para la oreja de ley que paseó. El quinto tampoco colaboró, y nuevamente se vio a un Galán extra motivado, muy valiente y suficiente para llegarle a escasos centímetros a un toro que arreaba y apretaba por los adentros.

Sensacional actuación de Galán, que usó a todos sus caballos estrella: "Amuleto", con el que se fue a portagayola, "Vidrié" y "Ojeda" en banderillas, y, sobre todo, un par a dos manos de muchos quilates con "Apolo". Volvió a estar certero al matar y cortó dos orejas sin discusión, premio a toda una tarde de oficio y profesionalidad.

Hermoso demostró por enésima vez en Madrid que sigue siendo un gran virtuoso del arte del rejoneo, por su maestría innata en la doma, por lo bien que cuida y maneja a su cuadra, y por la extraordinaria técnica que posee.

Así, en su primero, toro mansurrón al que fue encelando de forma soberbia con "Disparate" en unos emocionantes galopes a dos pistas y cambios por los adentros, que empezaron a calentar los tendidos.

Pero lo que más sorprendió y, por supuesto, maravilló fueron los cambios de ritmo de pitón a pitón ofreciendo los cuartos traseros, también con "Disparate", con el que clavó variado, certero y arriba. Tres cortas con "Pirata" y adorno del "teléfono" pusieron colofón a una obra a la que le faltó más rotundidad en la suerte suprema. Cortó una oreja.

No pudo redondear la Puerta Grande Hermoso con el cuarto, un manso de libro, que se frenó y pegó arreones, y que acabó acobardado cuando el navarro trató de meterse en sus terrenos para tratar de estructurar una faena que se diluyó por el mal manejo del rejón final.

Manzanares estuvo más que digno con el toro de confirmación, un manso con tendencia a salirse siempre suelto y moviéndose a oleadas, con el que el alicantino anduvo muy sobrio y seguro en una faena que brindó a su padrino, Hermoso de Mendoza, y cuyos pasajes más emotivos tuvieron lugar con caballos de la cuadra del maestro estellés, "Farruquito" y "Mazzantini", en banderillas.

No obstante, y a pesar de las buenas sensaciones, acusó Manzanares la frialdad de abrir plaza, motivo por el que tras un rejón en mal sitio y un golpe de descabello fue incomprensiblemente silenciado. Y algo parecido le ocurrió en el sexto, otro manso con el que el joven Manzanares anduvo resolutivo y a buen nivel, aunque sin llegar al lucimiento deseado por lo poco que se prestó el de Bohórquez.

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