3 de mayo de 2017 11:57

Bienvenidos al nuevo estadio mundialista de Sochi en Rusia

Imagen del estadio mundialista de Sochi, en Rusia. En este lugar se jugará la Copa del Mundo del 2018.

Imagen del estadio mundialista de Sochi, en Rusia. En este lugar se jugará la Copa del Mundo del 2018. Foto: EFE

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Agencia EFE

Rusia presentó en sociedad el espectacular estadio mundialista de Sochi, que de escaparate de los Juegos de Invierno de 2014 ha sido transformado en un espectacular templo futbolístico. "El Fisht es uno de los mejores estadios de Rusia", comentó a la prensa extranjera Vitali Mutkó, el presidente de la Unión de Fútbol de Rusia.

El nuevo estadio, que se encuentra a apenas unos cientos de metros del mar Negro, acogió el martes, 2 de mayo del 2017, la final de la Copa de Rusia, el primer partido de fútbol realmente oficial que alberga entre sus muros, ya que antes fue escenario de un amistoso entre Rusia y Bélgica.

El Fisht (Cabeza Blanca, en un dialecto del Cáucaso) desafía la imaginación, ya que tiene forma de armadillo con el caparazón partido por la mitad, aunque el proyecto original pretendía que el estadio se pareciera a una concha marina.

Por su localización y su clima subtropical, es sabido que son varios los equipos mundialistas que desean fervientemente que les toque en suerte la sede de Sochi, al menos para la primera fase de grupos del Mundial de Rusia de 2018.

Con capacidad para más de 40.000 espectadores, recibió simbólicamente la aprobación de la FIFA con vistas a la Copa Confederaciones, que arranca el 17 de junio en Sochi, Kazán, Moscú y San Petersburgo, donde se jugará la final el 2 de julio.

"El estadio de Sochi está viviendo una segunda vida. Era una instalación olímpica y ahora es un estadio de fútbol. Estoy deseando ver cómo se comporta", comentó a Efe Collin Smith, jefe de competiciones de la FIFA.

Smith se mostró convencido de que Rusia y, en particular, Sochi están preparados para acoger la Copa Confederaciones, torneo en el que el estadio Fisht albergará la primera fase y una de las semifinales.

El español Roberto Martínez, seleccionador belga, ya reconoció cuando se enfrentó a Rusia que el de Sochi era uno de los mejores estadios de Europa, algo que compartieron los dos entrenadores de los equipos finalistas de la Copa rusa, el histórico Lokomotiv y el modesto Ural.

La sensación desde las altísimas gradas laterales del estadio es de vértigo, ya que tienen una altura comparable a la de un edificio de 25 plantas.

Nada más concluir los Juegos de Invierno de 2014, en los que acogió las ceremonias de apertura y clausura, el comité organizador retiró 14.000 toneladas de metal para convertirlo en un campo de fútbol.

Fueron necesarios unos 60 millones de euros para remodelar el estadio, que será sede de partidos de la primera fase mundialista y uno de los cuartos de final.

Los rusos se lo tomaron en serio, ya que, por recomendación de la FIFA, plantaron semillas traídas de Holanda, que fueron mezcladas con la flora de la zona, que se encuentra entre el mar Negro y las montañas del Cáucaso.

Más de treinta kilómetros de tuberías fueron instaladas para garantizar el buen estado y el drenaje del césped, ya que por su clima subtropical Sochi es escenario de lluvias torrenciales.
El Fisht se encuentra en el corazón del parque olímpico, rodeado de los pabellones dedicados al curling, hockey sobre hielo, patinaje artístico y de velocidad.

En sus inmediaciones se han habilitado dos centros de venta de entradas para la Copa Confederaciones y en un futuro del Mundial, y de expedición de los carnés de identificación del aficionado, requisito imprescindible para entrar en un estadio.

Desde su remodelación, la zona se ha convertido en uno de los destinos turísticos de la ciudad, ya que desde el malecón se pueden sacar unas fotos espectaculares, con las montañas nevadas del Cáucaso al fondo.

La duda radica en qué pasará con el estadio tras la Copa Mundial, aunque los dirigentes de la ciudad tienen muchas esperanzas de albergar alguna final europea.

El problema es que el equipo local, el Sochi, está muy lejos de la división de honor y a sus partidos apenas acuden unos pocos miles de espectadores.

Todos los intentos de crear un proyecto futbolístico ambicioso han terminado en fracaso, por lo que la única opción es que alguna corporación estatal patrocine al club por orden expresa del Kremlin.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se tomó como una cuestión personal el éxito de los Juegos Olímpicos de Sochi, ciudad que es su segunda residencia, tanto en verano como en invierno, y donde recibe a mandatarios internacionales, como hizo el martes con la canciller alemana, Angela Merkel.

Aunque es sabido que no es un gran aficionado al fútbol y ha llamado públicamente a los clubes a controlar sus gastos en tiempos de crisis, todos esperan que, aunque sea por una vez, el jefe del Kremlin se ponga la bufanda y eche una mano al fútbol local.

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