22 de junio de 2016 09:08

¿Qué España esperar en la Eurocopa? Defectos y virtudes en diez claves 

El defensa de la selección española Sergio Ramos (der.) lucha el balón con el croata Ivan Perisic, durante el partido Croacia-España del Grupo D de la Eurocopa de Fútbol de Francia 2016 en Burdeos. Foto: JuanJo Martín/ EFE

El defensa de la selección española Sergio Ramos (der.) lucha el balón con el croata Ivan Perisic, durante el partido Croacia-España del Grupo D de la Eurocopa de Fútbol de Francia 2016 en Burdeos. Foto: JuanJo Martín/ EFE

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Agencia DPA

 ¿Qué España cabe esperar en las eliminatorias de la Eurocopa de fútbol? ¿La que maravilló en los dos primeros partidos o la que mostró peligrosas debilidades ante Croacia que la abocaron a un sinuoso camino en el torneo? 

Son preguntas que hoy se hacen sus hinchas mientras buscan motivos para la esperanza de cara al duelo de octavos ante Italia el lunes en París.

A continuación se ofrecen diez claves para explicar primero las virtudes y luego las carencias de un equipo que quiere recuperar la grandeza perdida.

El estilo:
Hasta en la derrota 2-1 del martes ante Croacia, la selección de Vicente del Bosque ofreció buenos pasajes de fútbol, aunque sin la constancia de los choques precedentes ante la República Checa y Turquía. España sabe a lo que juega, y eso ya es un valioso camino recorrido.

El talento: El actual campeón de Europa tiene en Andrés Iniesta y David Silva a dos futbolistas de clase mundial que atraviesan un gran momento de forma. Ambos están asumiendo las riendas de la creación de juego de su equipo y su concurso será fundamental ante un rival tan "científico" como es Italia.

El delantero: Es un debate que ya cerró Álvaro Morata. Lleva tres goles en la Eurocopa y con él España encontró el "nueve" que andaba buscando. No sólo marca, sino que también mezcla bien con sus compañeros, sabe qué hacer con la pelota y siempre promete esfuerzo y desmarques.

La versatilidad: España puede jugar con un solo mediocentro, Sergio Busquets, o con doble pivote, como es Bruno Soriano. Con esta solución cuajó sus mejores minutos ante Croacia, por más que acabara perdiendo en un contraataque final.

Piqué: Es con diferencia el defensa español más en forma y su juego aéreo se convierte en una magnífica solución para partidos atascados, como ocurrió ante la República Checa. Está rápido, concentrado y ajeno a los ruidos externos.

La portería: Parecía un debate cerrado, pero la intrascendente actuación de David de Gea ante Croacia abrió dudas sobre su capacidad para ayudar a definir partidos igualados, como hacía el Iker Casillas de sus mejores tiempos.

Sergio Ramos: No está en la Eurocopa a la altura de su final de temporada ante el Real Madrid. Los delanteros le están ganando más balones de los habituales y está pagando con graves errores sus excesos de confianza. Ante Croacia erró un penal que a la postre fue decisivo. España necesita recuperar la mejor versión de su actual capitán.

El banquillo: Del Bosque alineó al mismo once en los tres partidos jugados hasta ahora. La derrota ante Croacia provocó críticas por no haber refrescado al equipo. Jugadores como Juanfran, Busquets, Nolito o Cesc Fábregas evidenciaron cansancio. Y la realidad es que de momento la mayoría de suplentes tampoco reclamó con juego su presencia en el once.

La falta de madurez: A España le valía el empate para ser primero de grupo y lo tenía a tres minutos del final del partido ante Croacia. Pero lejos de mostrar madurez y tener la pelota para defenderse, se entregó a un ataque desorganizado que encontró a Juanfran como extremo y todo el campo libre a su espalda. Así llegó el gol croata. "Ha sido un despiste con un marcador favorable y que no debíamos haber consentido", reconoció luego Del Bosque.

El ritmo de juego: Hasta el martes, España fue un reloj. Pero Croacia le propuso un partido atrevido -presión alta, riesgo, espacios atrás- y España no hizo una buena lectura de juego. Nunca controló realmente el ritmo de juego, que obró en contra de sus intereses, y lo acabó pagando. Italia le propondrá una dura batalla psicológica, no cabe duda. 

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