3 de julio de 2018 15:38

La ecuatoriana Sara Palacios busca una proeza en el Canal de la Mancha 

La ecuatoriana Sara Palacios en Dover, Inglaterra, desde donde empezara la travesía del Canal de la Mancha hasta Francia. Foto: Cortesía Sara Palacios

La ecuatoriana Sara Palacios en Dover, Inglaterra, desde donde empezara la travesía del Canal de la Mancha hasta Francia. Foto: Cortesía Sara Palacios

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Carlos Augusto Rojas
rojasc@elcomercio.com

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Cuando Sara María Palacios se lance a las frías aguas que separan Inglaterra de Francia se encontrará a merced del oleaje y las corrientes marinas. Estará sola, con apenas un bote que la acompañará a un costado como guía y que no podrá tocar en ningún momento.

Su intento de cruce a nado en el mítico Canal de la Mancha está programado para el 8 o 9 de julio del 2018 y solo se espera ‘buen viento y buena mar’. Es cuestión de unos pocos días o quizás horas para que esta valiente ecuatoriana se enfrente a sí misma en el agua, el elemento que ha dominado desde niña, y empiece a hacer realidad lo que se ha imaginado en innumerables ocasiones. “El cuerpo no puede ir donde la mente no ha llegado”, se repite constantemente.   Muchas veces, en las piscinas, en los lagos y en los mares de sus entrenamientos se ha pensado a sí misma victoriosa, dejando con una sonrisa el agua después de la proeza.

Cuando Sara de Mar desafíe el agua del Atlántico, tan fría como la del Lago San Pablo en Imbabura, intentará que las corrientes no la alejen demasiado de la ruta más apropiada para nadar. 34 km separan las costas de los dos países europeos en el punto más estrecho del Canal, por donde regularmente se intenta el cruce realizado por primera vez en 1875.

Desde entonces, unas 1200 personas han conseguido el desafío, en estos 143 años, entre ellas el ecuatoriano Galo Yépez en 1997.

Sara, de 32 años y madre de una niña de ocho, es la primera mujer ecuatoriana que se lanza a esta aventura de resistencia física y mental. “Es nuestra Carla Pérez de la natación en aguas abiertas”, asegura el doctor Mario Ochoa, especializado en medicina del deporte. “No es algo que pueda intentar cualquier persona decidida. Se requiere de una ardua preparación y de características específicas. Es un ejemplo, una hazaña que quedará como un legado de la fortaleza de la mujer ecuatoriana”, añade el médico.

Entrenadores, nadadores y otros deportistas experimentados coinciden que tener el coraje para intentar esta prueba ya es algo digno de admirar. Muchos de quienes han completado el cruce no lo han logrado en el primer intento. Sara espera contar con condiciones climáticas favorables el día de su reto. 

Sara Palacios, con la gorra oficial del evento, en la piscina de El Batán, uno de sus sitios de entrenamiento. Foto: Carlos Rojas / EL COMERCIO

Sara Palacios, con la gorra oficial del evento, en la piscina de El Batán, uno de sus sitios de entrenamiento. Foto: Carlos Rojas / EL COMERCIO


En la embarcación (Viking Princess) que no podrá tocar para no ser descalificada por el comisario de la Channel Swimming Association, quien certificará de manera oficial el cruce, estarán también dos personas de la tripulación, sus padres y su esposo. Este equipo de abasto la apoyará anímicamente durante la travesía que espera finalizar entre  12 y 14 horas.

Durante la competencia contra ella misma deberá hidratarse y comer para no perder fuerzas. Debe hacerlo sin perder mucho tiempo para que la corriente no la aleje del trayecto. Mientras lo haga deberá flotar y no topar el bote.


Esta chef de profesión, quien fue nadadora desde la niñez y en la adolescencia seleccionada provincial de Pichincha, se retiró de la alta competencia con 18 años para continuar con sus estudios.

Aunque ya no se entrenaba, no se alejó por completo del agua y en sus años universitarios también realizó montañismo. Sin embargo, entre los 25 y casi los 30 años sintió que “pataleaba" con su existencia. Algo hacía falta en su vida, pero no supo lo que era hasta después de participar de un equipo de relevos en un triatlón. 

En el 2015 fue parte de una posta en el Ironman 70.3 de Manta y ella cumplió con los 1900 metros de la natación, en la prueba que también incluye 90 km de ciclismo y 21 km de atletismo. Al final de eso se sintió contenta, aunque no del todo satisfecha por la falta de preparación.

Así empezó otra vez a plantearse objetivos deportivos. Participó de otros triatlones, pero al final se decidió por dar prioridad a nadar.  Incursionó con éxito en pruebas de la categoría máster y encontró más motivaciones. Ella reconoce que es una persona competitiva, quizás demasiado según sus propias palabras.

Entonces, mientras volvía a ponerse en forma, empezó a investigar para encontrar un objetivo y se decidió por uno gigantesco. Sara quiere nadar el reto Siete Mares y desafiarse también en el Estrecho de Gibraltar (África), el Canal del Norte (Escocia), el Estrecho de Cook (Nueva Zelanda), el Canal de Molokai (Hawái), el Canal de Catalina (Estados Unidos) y el Estrecho Tsugaru (Japón). Son travesías a nado en cada continente.

De momento, el viaje lo financió con sus ahorros, un poco de auspicio privado y sobre todo con la ayuda de sus padres, sus "principales patrocinadores",  aunque espera  encontrar al regreso más apoyo en entidades públicas y privadas. 
 
“Me motiva superarme a mí misma. En algún punto de la vida sentí que la sociedad te impone que ya no puedes hacer ciertas cosas por la edad, por el género, por la maternidad… Entonces es un reto conmigo misma y un mensaje para todas las mujeres, para todas las personas, para servir de motivación…”.

Sara Palacios en un entrenamiento en el Lago San Pablo, en Imbabura. Foto: Archivo particular

Sara Palacios en un entrenamiento en el Lago San Pablo, en Imbabura. Foto: Archivo particular

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