5 de junio de 2014 16:46

Descanso y disfrute están asegurados en Zorritos

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Telmo Arévalo Cuesta. Redactor invitado

Hola amigos viajeros, en la crónica anterior ya habíamos llegado a Zorritos, en la costa norte del Perú. Les invito, pues, a conocer esta playa.

Aquí, la carretera Panamericana se transforma en la calle principal de la población y las construcciones de todo tipo van sucediéndose una al lado de la otra. Entre las casas de sus pobladores, hoteles, hostales y restaurantes de comida típica, uno saborea plenamente a esta pequeña ciudad.

No falta la iglesia católica que, tanto por sus colores como por su arquitectura, personalmente me gusta mucho pese a su sencillez. Junto a esta se encuentra la Plaza de Armas, donde se destaca el busto del contralmirante Manuel Villar Olivera, héroe del Perú, nativo de esta población.

De pronto, un hermoso velero de madera asoma “parqueado” al costado de la vía, en medio de una pileta. Otra plaza adornada con diferentes figuras de animales es el sitio donde se encuentra esta nave. Es obvio que los chiquillos son quienes más disfrutan al subir a este barco, soñando, seguramente, con capitanearlo.

La playa de este pueblito es muy acogedora y extensa. Muy cerca de las casas hay un parque con dos hermosas piletas formadas por cercos con representación de olas, diversas figuras de animales de mar, peces de varios colores y los infaltables corales marinos.

El velero de madera en media plaza es otro atractivo de Zorritos

El velero de madera en media plaza es otro atractivo de Zorritos


Por ahí vemos cuatro caballitos de mar lanzando sus chorros de agua hacia el centro de las mismas, donde tres peces espada se alzan juntos para formar la parte central de las piletas.
Lo simpático de esto es que, si no están funcionando, cuando el turista se acerca a las mismas, de pronto comienzan a salir los chorros de agua.

Resulta que los lugareños, al observar a los visitantes, abren inmediatamente las llaves de agua para que funcionen, dando la impresión de que se activarán de manera automática.

Llama la atención que haya pasto verde alrededor de estas piletas, pequeñas palmeras de jardín, y hasta hermosas flores (rosas de castilla), ¡Al filo del mar!, algo que no vemos en nuestro país, y más todavía cuando todo a su alrededor es desierto. ¿Cómo lo logran?... Algo más para destacar: la extraordinaria limpieza de todo el entorno.

Disfrutar del mar es una opción sí o sí, y esta playa lo permite plenamente. Sus azules aguas, tibias, invitan a vagar en el horizonte, donde no faltan las embarcaciones. Un sol que se deja ver la mayor parte del año, calienta pero no quema tanto como acá, y la fresca brisa que nos refresca, hacen que el trayecto largo del viaje tenga su recompensa. Realmente el disfrute es al máximo.

Luego del baño, el hambre aprieta, y para saciarla no falta la buena comida. Mariscos y más mariscos en diferentes y deliciosos platos nos ofrecen los distintos restaurantes que encontramos a lo largo de toda la ciudad.

Aquí debo rescatar un recuerdo de mi juventud, cuando conocí Zorritos en compañía de mis padres. En aquella ocasión disfrutamos de unos espectaculares ostiones al ajo, de un tamaño desmesurado, servidos en hoja de lechuga. Un verdadero manjar para el paladar.

No está demás contarles que en Perú se denomina langostino a un tipo de camarón más bien pequeño, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados en las playas de nuestras costas, donde así se denomina a un crustáceo de gran tamaño, sabor exquisito, delicada textura y alto precio.

Varias figuras de criaturas marinas adornan las piletas del pueblo

Varias figuras de criaturas marinas adornan las piletas del pueblo


Entonces, téngalo en cuenta para que no se sorprenda cuando le sirvan aquello. Otro dato: la comida peruana casi siempre está condimentada con ají, así que quienes no lo consumen deben pedir al mesero con anticipación que no se incluya ese aderezo en
sus platos, para no llevarse una ingrata sorpresa.

Para hospedarse y descansar, Zorritos ofrece muchas alternativas de condiciones y precios muy variados. Mi familia y yo ocupamos las instalaciones del “Hospedaje y Restaurant Cueva Beach”, ubicado en la salida sur del pueblo, donde su propietario nos recibe siempre con los brazos abiertos.

Este hostal es bastante nuevo, con una estructura mixta de cemento, madera vista, caña guadúa y piso de cerámica, muy confortable y de buen gusto. Sus habitaciones tienen todas las comodidades que uno busca para descansar a orillas del mar, y los precios son bastante contenidos para todo lo que ofrece.

Es agradable contarles que al despertar en la mañana, una innumerable cantidad de pájaros y aves de distintos tamaños y colores revolotean por los alrededores, alegrándonos con sus cantos y trinos.

Desde las habitaciones del segundo piso se admira el mar, que está a poquísimos metros. Si se desea, también hay como bañarse en su pequeña piscina de agua fresca. ¿Qué más se puede pedir?
Lo difícil viene al momento de pensar en el regreso.

¡Cuánto vamos a extrañar todo lo que hemos disfrutado! Les deseo un buen viaje y hasta la próxima.

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