La precisión y velocidad de un campeón

Ricardo López seleccionado en tiro del Ecuador. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Martha Córdova. Redactora  
mcordova@elcomercio.com (D)
Quito

Son 16 balas, 17 segundos, 17 días y un solo reto: ganar el título mundial de tiro práctico. Ricardo López inició ayer ese desafío que, si lo logra, constituirá un récord histórico para Ecuador y el mundo.

"Nunca antes un deportista ha ganado tres títulos mundiales", dijo el ecuatoriano de 37 años que viajó el domingo a Frostproof, en La Florida, ­Estados Unidos.

La pasión por el deporte que practica desborda en cada palabra, en cada poro, en cada acción. "La primera vez que tuve en mis manos un arma fue a los 5 años. Mi padre, César, es un gran aficionado a ellas", relata.

Pero fue dos años más tarde cuando su padre le hizo su primer regalo. "Todavía me acuerdo, era un rifle Savage yuxtapuesto". Su primera arma de verdad y un incidente poco agradable como fue el intento de secuestro de un integrante de su familia, lo acercó al tiro práctico como un deporte que quería seguir.

"En 25 años que llevo de práctica, soy 25 veces campeón nacional", dice con cierto orgullo y halago. Pero nada ha sido fácil para él, más aún cuando llegaron los títulos internacionales, los europeos y los dos campeonatos mundiales que los alcanzó en Indonesia 2008 y Grecia 2011.

Es una actividad que lo practican 200 000 personas civiles en el mundo. A ellas hay que sumar los militares que practican esta derivación del tiro deportivo. “Al Mundial llegamos 2 800 personas de 93 países y competimos durante 17 días”.

Y, al adentrarse a esa participación, la adrenalina sube, pues cada día debe disparar en tres o cuatro pistas diferentes que las conoce cinco minutos antes, y en cada una de ellas, debe descargar 16 balas en el menor tiempo posible.

En su última práctica en Quito, su tiempo promedio fue de 17 segundos y 43 centésimas, incluyendo un cambio de tambor (recarga del revolver) y cuatro cambios posiciones.

En esos 17 segundos condensa velocidad, precisión y frialdad para hacer las cosas bien, pues debe acertar en los objetivos: platos, obstáculos largos y poppers.

Y falta algo más: la presión. La presión de los rivales, de la gente que va al polígono, de la prensa, de los flash que acaparan su atención por ser campeón del mundo. "Uno también se presiona porque no quiere recibir críticas. El momento de la competencia hay que manejar esa situación con mucha calma, espero poder manejarla muy bien".

Por primera vez formará parte de ‘Supersquad’, es decir, en un solo grupo competirán los mejores deportistas de cada continente.

"La presión será mucho mayor, espero que Dios me dé la claridad mental y espiritual porque han sido tres años de preparación intensa no solo mía sino de todos, de mi padre, mi madre, mi esposa, mis hijos, mi hermano”.

En estos tres años su ritmo de vida ha sido exigente, “al máximo”, como dicen él y sus amigos.

De martes a domingo trabaja en San Lorenzo (Esmeraldas) y se entrena de 04:00 a 06:00 y 19:30 a 21:30, en técnicas, en los movimientos y disparos en seco pues el costo de las balas, para un entrenamiento diario significa un alto egreso económico. En cambio, de sábado a lunes práctica de 07:00 a 12:00 en el polígono de tiro en el sector de Pusuquí. Cada día dispara 400 balas de plomo, que no son tan precisas, pero son más baratas (una caja de 90 balas cuesta USD 50). Para el Mundial lleva las de cobre, que son más confiables.

A ese trajín hay que sumarle horas de preparación física y de ejercicios cardiovasculares. Sus armas marca Smith&Wesson 625 son obsoletas para un Mundial. Pero son sus compañeras con las que ganó sus títulos mundiales. Además, son las que tiene.

“Yo estoy acostumbrado a competir con ciertas desventajas. De los 2 800 participantes, unos 150 somos amateurs, los demás son profesionales que se dedican a disparar todo el día, y jamás se preocupan del costo de las balas”. Ese obs­táculo ya lo tiene superado, pero no ha dejado de seguir la preparación de los rivales que encontrará en el Mundial, europeos, estadounidenses y asiáticos en particular.

Se marchó a Estados Unidos tranquilo. Ni optimista ni pesimista, pero sí presionado, porque “es muy difícil llevar los colores del país”.

Se fue con la misión de lograr el tricampeonato y con esa misma motivación que le permitía ganar chicles en las tablas de las ferias y parques de Quito, cuando aprendió a disparar con su primer rifle, a los 7 años.

Hoja de vida

Su vida Ricardo López Tugendhat nació en Quito en 1977. Ha ganado 15 medallas de oro, 7 de plata y 4 de bronce en las 36 pistas internacionales.

Su familia La componen sus padres César e Ivonne, su esposa María Fernanda y sus hijos Joaquín y ­Francisca.

Preparación Este año solo compitió en el Florida Open, hoy escenario del Mundial.

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