9 de junio del 2016  00:00

La muerte de neuronas, un riesgo de ir al Everest

Sus seres queridos esperaron cerca de una hora para poderla abrazar y felicitarla por su hazaña

Carla Pérez llegó al país, después de conseguir el ascenso al Everest. Sus seres queridos esperaron cerca de una hora para poderla abrazar y felicitarla por su hazaña. Foto: Diego Pallero/EL COMERCIO

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Martha Cordova

'Los ascensos de más de 8 000 metros tienen su riesgo, hay células que mueren pero luego se regeneran. Las únicas que no lo hacen son las neuronas. Luego de 17 ascensos, lo reconozco públicamente que, me estoy olvidando los nombres de las personas", dijo Iván Vallejo, el primer ecuatoriano de ascender 14 cimas a más de 8 000 metros de altura.

El montañista estuvo presente ayer en la bienvenida a
Carla Pérez y Esteban Mena, que retornaron luego de coronar el Everest, la montaña más alta del mundo, con 8 848 metros sobre el nivel del mar.

Pérez es la primera ecuatoriana y latinoamericana en hacerlo sin oxígeno embotellado. Además, es la sexta mujer en el mundo que lo hace desde 1978 cuando el italiano Reinhold Messner subió al Everest, por primera vez sin oxígeno.

Iván Vallejo, que se declara un admirador de Reinhold Messner narra que el italiano abrió muchos desafíos para el mundo. "Fue el primero en subir al Everest sin oxígeno artificial, luego el primero en sumar las 14 cimas más altas de 8 000 metros de altura".

También, fue el primero en consultar a los médicos sobre los riesgos de hacerlo en esas condiciones. "Recibió como respuesta que corre el riesgo de muerte o de sufrir un trastorno de locura porque las neuronas son las primeras células en morir. Le dijeron que sin oxígeno en el cuerpo podría presentarse alguna disfunción".

Entonces decidió realizar un proceso de entrenamiento para contrarrestar ese peligro de disfunción. "Eso es lo que hacemos nosotros, entrenar, preparar al cuerpo para enfrentar los estragos que se sienten a más de 8 000 metros de altura, donde se come poco y luego hasta se vomita".

Añade: "si completé las expediciones de 14 cimas con más de
8 000 metros de altitud fue porque vi a Messner que subió y bajó sin problemas, que sigue vivo y sigue haciendo cosas importantes como subir dos y tres montañas sin descanso".

Y, Vallejo reconoce que ahora olvida los nombres de las personas, "entro en un bloqueo, no sé si está relacionado con los ascensos, pero es lo único que me ha sucedido".

Dice que es una factura que la acepta porque estar en las cimas de la cordillera del Himalaya es su fuente espiritual. "Amo la vida por las montañas. Me tatué en el brazo derecho ojos de Buda porque representan al Himalaya, porque es la vertiente de vida espiritual que me permite llegar a la plenitud y el gozo".

Carla Pérez, quien retornó el martes tras coronar el Eve-rest, también habla de riesgos. "Todos sabemos lo que conlleva una expedición en estas circunstancias porque el oxígeno es el combustible del ser humano para mantenerse vivo".

Carla relata que en el ascenso final, que demoró 13 horas para llegar a la cumbre, "en cada hora, sin importar cuanto hayamos avanzado, nos parábamos a tomar agua. En el ascenso y el descenso bebimos 200 mililitros de agua, porque en expediciones como estas, muchas veces se producen las muertes en el descenso".

Dice que por la falta de oxígeno, el cuerpo no quiere ingerir nada, que enfrentaba la sensación de vómito de manera permanente. "Pero de todas maneras ingeríamos unas pequeñas gomas de carbohidrato y proteínas, que eran fáciles de digerir. Me inclino a pensar que fue la hidratación que hace que el cuerpo no sufra tanto. Además, el entrenamiento es fundamental para estar preparados y enfrentar estas circunstancias".

En los días previos al ascenso, consumió aceite de coco y de hígado de bacalao, y carbohidrato para mantener a su cuerpo hidratado y con equilibrio.

Ella logró la cima el 23 de mayo, pero admite que se demoró en bajar siete horas más. "Fueron 20 horas duras, pero dos semanas después, no tengo ninguna secuela. Mis órganos están bien, y tampoco tengo olvidos como me dicen que suele suceder en estos casos".

Carla aún se siente cansada, pero que igual el fin de semana viajará a Pedernales para participar en los 240 km de la Unicef. Correrá 10 kilómetros junto con Esteban Mena. "Tal vez hagamos en relevo porque no me siento aún en condiciones".

Ella invitó a sus amigos deportistas a que le acompañen pues todos los que se unan a su participación deberán entregar una donación para los damnificados del terremoto del 16 de abril.

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