6 de junio de 2018 00:00

El ciclismo en el Carchi es un estilo de vida

En la ruta de Julio Andrade a Playa Chica, los chicos se entrenan todos los días. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la ruta de Julio Andrade a Playa Chica, los chicos se entrenan todos los días. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Martha Córdova
Redactora (D)

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Sus historias tienen el mismo libreto: una casa humilde, que siempre recuerdan. Un hogar con enorme amor a las labores del campo; y, la pasión por la bicicleta. “En Carchi, nacemos en triciclo, así que la bicicleta es el sueño de todo niño, aquí no pensamos en balones”, dijo con su infaltable sentido del humor don Jaime Pozo, tres veces ganador de la Vuelta Ciclística al Ecuador.

“Nací en Chapuel, sobre la vía a Tufiño. De allá veníamos en bicicleta, por caminos de tierra y lastre hasta la escuela Sucre en el centro de Tulcán. Pedaleaba 50 kilómetros cada día, porque también le ayudábamos a mi mamá a entregar el pan, que ella elaboraba para sus clientes en la ciudad”, recuerda Pozo. Fue su entrenamiento natural y espontaneo que comenzó cuando tenía 10 años y siguió hasta su adolescencia.

La familia solo tuvo dinero para adquirir una bicicleta. Con ella tenía que alternarse con su hermano Hipólito, quien fue el ganador de la primera Vuelta Ciclística al Ecuador en 1966.

“Mi especialidad eran los ascensos, porque en el campo hay muchas pendientes, subidas y bajadas. Corrí cinco Vueltas al Ecuador, gané tres en la general, una en la de novatos, pero en todas fui campeón de los premios de montaña, me decían la ‘Ardilla de la montaña’”.

Pero aclara que, si bien su hermano ganó la primera Vuelta, él fue el primer líder. “Ya sabían de mis condiciones de escalador y el equipo trabajó para que haga una escapada de Guamaní, al sur de Quito, hasta Ambato”.

Sus recuerdos de aquellas hazañas están intactos, porque en todos ellos está su bicicleta. “Es nuestra compañera de toda la vida. En México me caí y quedé inconsciente. El médico ordenó que colocaran mi bicicleta al pie de la cama. Ella me ayudó a recuperarme”.

Tan arraigado es ese cariño a la bicicleta, que dice que “cuando uno se baja de ella, hay que saber dónde se la ubica, no hay que tirarla. El soldado no vota su fusil, lo guarda. Así hay que cuidar a la bicicleta”.

Jaime Pozo y Paulo Caicedo, con el trofeo de la primera Vuelta al Ecuador de 1966. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Jaime Pozo y Paulo Caicedo, con el trofeo de la primera Vuelta al Ecuador de 1966. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Con sus 72 años sigue rodando con ella, “ya no a nivel competitivo, pero sí en los ciclopaseos o carreras recreativas. De ellas no podemos despegarnos. Es la vida del carchense, por eso el ciclismo se escribe con la c de Carchi”.

Paulo Caicedo es otro enamorado del ciclismo. “Soy del mismo pueblo de Richard Carapaz, Playa Chica, donde la agricultura es parte de nuestras vidas, como la bicicleta”.

No pasó hambre porque sus padres labraban la tierra, pero no había dinero para poder comprar la bicicleta, “que nos ayude a ir al colegio. Mi primera bicicleta me la regaló mi hermano, que ganó en un sorteo”.

Fue su transporte para ir al colegio, luego para las primeras competencias. Escoltó a Juan Carlos Rosero, ganador de la Vuelta al Ecuador en 1986. Luego la ganó, en las ediciones de 1987 y 1994.

Tras su retiro como ciclista, ahora es entrenador y cazatalentos en la provincia. Al fallecer Juan Carlos Rosero tomó la posta y guió a Richard Carapaz, su alumno brillante, al que lo envió a Colombia para ganar la Vuelta a la Juventud.

“Todos los niños sueñan con ser ciclistas y lograr victorias. Quieren ser como Richard, pero detrás de sus victorias hubo mucho esfuerzo, sacrificio y persistencia. Él soñó en grande e hizo realidad su sueño”.

El encuentro de estas dos leyendas del ciclismo se dio en el Parque Central de Tulcán, el lugar de las concentraciones del pueblo carchense.

En las calles aledañas, de cada dos vehículos que transitan pasa una o dos bicicletas. Manuel lleva al mercado sus productos, también Luis, que va a su trabajo. Los chicos llegan al colegio en sus ‘caballitos’ que no todos son de acero como antes, mientras Miguel y Julio César van a entrenarse en la carretera pavimentada que va de Julio Andrade hasta El Playón, Playa Chica y el Carmelo donde nació Richard Carapaz.

Allí se entrenan los chicos de las escuelas de ciclismo o de los clubes de la ciudad buscando una competencia, una carrera que los haga famosos. “La bicicleta es un estilo de vida. La utilizamos a diario, los mandados de la casa los hacemos en ella. Además, aquí vivimos el ciclismo con coraje carchense”, detalló Paulo ‘Bruja’ Caicedo.

Sus historias no son únicas, hay muchas, y la bicicleta está en todas ellas.

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