16 de May de 2010 00:00

Las chicas que juegan entre grandes

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Redacción Deportes

Marcela Quintana apenas alcanza 1,60 metros. Cuando ingresa a la cancha, por su baja estatura y frágil figura, da la sensación de que al mínimo contacto podría salir lastimada ante rivales de mayor porte y corpulencia. Pero, a pesar de sus 13 años, esto no la asusta y encara los encuentros con valor y determinación.Ella es una de las cuatro jugadoras más jóvenes que participa en la Liga Nacional de Baloncesto Femenino. Todas compiten en el club Brasil, de Latacunga. Sus contemporáneas y compañeras de equipo son Érika Alajo (14 años), Debbie Gálvez (14 años) y Daniela Rueda (14 años).El técnico Marcelo Moreno las descubrió en los torneos escolares en Latacunga. Él se sintió seducido por el talento que tienen con la pelota, “por su valor y determinación”. Marcela fue la última en integrarse al equipo.Las chicas también forman parte de la selección de Cotopaxi que se alista para los próximos Juegos Nacionales. Marcela participará en los juegos de menores de septiembre, mientras que el resto participará en los juegos de cadetes, en noviembre de este año.“En el 2009 fui a un torneo intercolegial para ver el desempeño de Daniela Rueda, quien ya estaba en nuestra escuela permanente de baloncesto, pero terminé observando a Marcela”, recuerda el entrenador Moreno.Ambas deportistas estuvieron en la escuela La Inmaculada y eran seleccionadas de la institución. En tanto, Debbie salió de la escuela Sagrado Corazón de Jesús y Érika de la escuela 11 de Noviembre, hace dos años.“Se acercó el profesor Moreno y me dijo que quería que estuviera en el equipo. Le gustó cómo manejaba el balón y guiaba al equipo”, recuerda claramente Marcela, quien es armadora.Esta es la primera vez que ellas afrontan una Liga Nacional y se codean con la élite del baloncesto ecuatoriano. “Siempre hemos jugado con chicas de nuestras edades en provinciales y nacionales en selecciones. Es emocionante medirse con clubes como UTE, Espe y Mavort, que son actualmente los mejores del país”, sostiene Daniela, que ingresó a la escuela permanente de básquet de Latacunga a los 10 años.Brasil tiene la posibilidad de disputar las semifinales del torneo femenino. Hoy juega contra Mavort el partido de revancha en La Maná, a las 11:00. Para compensar esta falta de experiencia, el conjunto cotopaxense contrató a la búlgara Evelina Guneva y a la estadounidense Mandisa Stevenson, de 29 y 26 años, respectivamente.Las dos extranjeras, en determinados momentos, cumplen el rol de madres de las pequeñas. Las cuidan dentro y fuera de la cancha y comparten las habitaciones en las concentraciones. “Nos aconsejan cómo movernos en la cancha para evitar golpes. Y en las jugadas hacen pantalla para no ser estropeadas y poder anotar”, detalló Érika, una de las más regulares en la formación.Para Luis Cedeño, coordinador del arbitraje, fue una sorpresa ver ingresar a la cancha a estas pequeñas. “No sabíamos sus edades, pero se notaba que eran unas niñas. Lo que se hizo fue advertir al entrenador que jugaban bajo su responsabilidad”, comentó.Sin embargo, reconoció que también es una decisión valiente del entrenador el promover nuevos talentos en torneos de esta envergadura. Este criterio es compartido por Enrique Segura, coordinador de la Liga Nacional, quien opina que, probablemente, Marcela Quintana es la deportista más joven en este certamen a través de la historia.“No estoy seguro -argumenta-, no recuerdo haber visto a una niña de 13 años en una Liga Nacional. Han existido equipos con promedio de 17 años, y adolescentes de entre 14 y 15 años en sus nóminas”.En todo caso, en los rostros de las chicas la emoción de competir contra mujeres profesionales es notable. Eso se evidencia al final de cada encuentro, cuando, sin importar el resultado, se abrazan y se felicitan. De hecho, las adversarias también se acercan para estrechar sus manos.

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