13 de March de 2010 00:00

El fin de la carrera es el inicio de la fiesta

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Isabel García.

Un puesto en la terraza para ver el Premio de Mónaco un par de horas cuesta USD 2 500 por persona. Montar ese fastuoso circuito ambulante que, cada temporada, acoge Canadá costó USD 50 millones...

Pero la cifra se reduce a USD 1 500 por una noche en The Yas, el hotel de cinco estrellas en pleno circuito de Abu Dabi. O a solo USD 450 por una barra libre en el Amber Lounge de Valencia. Léase fiesta privada repleta de celebridades, champán y glamour, mucho glamour, que se celebra en una lista de ‘ciudades F1’.

¿Cuándo? La noche del domingo al lunes de cada Gran Premio una vez que pilotos, patrocinadores y demás dejan atrás las pistas. Esas mismas que hoy se encienden en Bahréin, comenzando así uno de los mayores espectáculos del mundo. Y no sólo deportivo.

El cúmulo de ingredientes (estrellas, lujo, sueldos millonarios, etc) que aglutina lo convierte en un circo ambulante en el que todo vale. “Hay que entretener y entender la F1 como un espectáculo”, solía decir el ex jefe de Renault, Flavio Briatore.

El italiano ya no está, pero su lema sigue intacto en las Amber Lounge, “el lugar al que ir tras la carrera”, según Michael Schumacher. Eso sí, la pulsera ‘todo incluido’, color oro con la que se accede, está solo al alcance de unos pocos con bolsillos abultados.

Desde George Clooney a Angelina Jolie, Beyonce, Paris Hilton o Naomi Campbell. Todos pisan estas fiestas, al igual que el famoso club Il Billionaire que Briatore trasladaba cada GP al hotel Fairmont de Mónaco desde la isla de Cerdeña. Solo entrar cuesta USD 120. “Acceder es misión imposible si no sabes la contraseña”, dice Álvaro Faes, periodista del diario La Nueva España.

Es el precio por ver en vivo a los pilotos, quienes incluso ejercen de DJ. Como Lewis Hamilton, quien además es el mejor pagado de todos: USD 18 millones al año. Le siguen Alonso, con 15, Nico Rosberg (8,5) y Massa (8), según la revista Arabian Business. Nada que ver con los USD 45 millones que se embolsó Kimi Raikkonen en 2008. Y eso que los sueldos de los pilotos suponen el 5% de los gastos. ¿El resto? Motores, personal (cada equipo tiene 80 personas), ensayos (solo una vuelta en entrenamientos cuesta USD 1 300), viajes, según F1 Business

De momento, la crisis no impidió a Ferrari organizar su encuentro anual con pilotos, ingenieros y periodistas en Madonna di Campiglio, la estación de esquí más glamurosa de los Alpes italianos. Allí, durante una semana, la ‘familia’ al completo y los aficionados (que no dudaron en pagar cantidades desorbitadas para comer al lado de Alonso o Massa) disfruta de la nieve, el ciervo ‘a la trentina’ y vino rojo... a la espera de que comience el mayor circo mundial. Y ese día llegó.

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