8 de November de 2013 14:45

Los Minerva son parte de la historia

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Desde su desaparición no se supo más de la reconocida marca de autos Minerva, hasta hoy. Y es que la firma belga volvió a la escena mundial, pero en un museo.

Varios modelos de la marca son exhibidos en una exposición que rescata la elegancia, la ingeniería y el refinado gusto por el mundo motor. Sin duda alguna, estos modelos no solo son piezas de ingeniería automotriz, son parte de la historia de la humanidad.

La construcción de estos autos estuvo marcada por una época llena de conflictos bélicos internacionales e inestabilidad financiera. Aspectos que están a la vista de quienes visiten el museo de automóviles antiguos de Bruselas, Bélgica. En la organización de esta muestra también participan Autoworld y la asociación Belgian Vehicle Heritage (BVH).

Los Minerva, en su mejor momento, llegaron a competir con los exclusivos modelos de la británica Rolls-Royce o con la mítica marca española Hispano-Suiza.

En la exposición se muestran 17 modelos Minerva, algunos de los ejemplares son los más antiguos como la Minervette, los elegantes AL HP 40 o el camión MLT.

Comprender la elegancia de estos automotores va de la mano con un repaso por ciertos fragmentos de la historia mundial. El origen de la casa belga se remonta a 1897, cuando los hermanos holandeses Sylvain, Hendrik y Jacques de Jong crearon una empresa de bicicletas.

De a poco, los muchachos incluyeron potentes motores a las bicis hasta transformarlas en motos. La evolución de la compañía no conoció límites en sus primeros años. Hasta que en 1903 se presentaron los primeros vehículos de cuatro ruedas, cuya característica era una alta velocidad.

La utilización de motores obligó a los hermanos De Jong a adquirir componentes para reducir el sonido de sus automóviles. Poco a poco empezaron a instalar un propulsor conocido como el "sin válvulas". Más tarde, adquirieron la patente de estos motores.

Esto les ayudó en la fabricación de propulsores para otras compañías. La admiración por esta empresa empezó a crecer en el mundo entero, explicó el vicepresidente de BVH, John Claes.

Por el año 1913, la firma tenía una gran reputación en todo el planeta. Antes de la Primera Guerra Mundial la marca era conocida por ser el medio de transporte de las realezas y de las personalidades del mundo de la política.

Un año más tarde, con la guerra europea se paralizó la producción de unidades durante los cuatro años del conflicto. No fue sino hasta 1919 cuando se retomó la fabricación de autos, a pesar de que los talleres quedaron totalmente destruidos.

Aunque el panorama lucía desalentador, la casa volvió a su actividad y alcanzó la cúspide de su historia en los años veinte.

Pero la muerte del fundador de la marca, Sylvain de Jong, en 1928, fue un detonante para el cierre de la empresa más adelante. Un año después, la Gran Depresión terminó por hundir el mercado de los automóviles de lujo y a esta empresa.

Fuente: Agencia EFE

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