14 de December de 2012 14:30

Los actores de un deporte muy complejo

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Además del desempeño de los pilotos, analizado en la edición anterior, cabe reparar en otros dos factores importantes que configuraron la temporada 2012 de F1.

Los equipos

Los soldados de retaguardia, que construyen los autos y planifican las estrategias y logística para las carreras, son otros de los elementos básicos para las victorias. Los reglamentos se han encargado de hacer de la F1 una especialidad alejada de la tecnología de producción de las grandes marcas.

De ellas solo necesitan los motores, que no han marcado la diferencia. De ser así McLaren no habría sido tan superior a Mercedes. 

Lo que hace ganar carreras es el diseño de los chasises, de las suspensiones, y, sobre todo, de la aerodinámica, para lo cual los constructores se han equipado con complejos industriales, costosos túneles de viento y nóminas de hasta 1 000 trabajadores.

Parte del espectáculo se desarrolló en los ‘pits’, donde los equipos disputan otras carreras: llegaron a hacer los cambios de llantas en 2,3 segundos y la oportunidad de las entradas fue parte importante de la estrategia para ganar posiciones.

Red Bull también ganó este campeonato con su equipo encabezado por el mejor diseñador de monoplazas de la actualidad: Adrian Newey. A causa de su dominio en el año anterior, fueron objeto de sospechas de sus pares, pero salieron airosos de todas las inspecciones técnicas. 

Ferrari, segundo también por equipos, sufrió la presión de sus fanáticos que no conciben otro sitial para la escudería que no sea el primero. Arrancaron la temporada con una desventaja técnica que recuperaron sin alcanzar el rendimiento de los mejores momentos de Red Bull y McLaren, pero con una fiabilidad a toda prueba ya que no sufrieron deserciones por causas mecánicas. 

McLaren debutó y terminó bien, siempre se mantuvo en posiciones de vanguardia y sus resultados fueron afectados por imponderables.

Williams recuperó protagonismo  renovando su alianza con Renault, con quien había conquistado cinco títulos de equipos.

Lotus hizo un gran retorno, con nueve podios y una victoria. Sauber comienza a figurar a menudo en el pelotón de cabeza; Force India es cada vez más competitivo y Mercedes no termina de convencer, a pesar de su victoria en China.

Hablando de motores, Renault equipó por duodécima oportunidad al equipo campeón, y por undécima al mejor piloto.

¿Qué decir en cuanto a neumáticos? En este campo no hay competencia con un proveedor único, pero que ha demostrado tener la técnica para fabricar los compuestos tal como los pide la FIA, en duración y en adherencia, Todo ello está programado para darle protagonismo a las estrategias.

Los circuitos

Las exigencias técnicas y económicas de la organización de un Gran Premio están cambiando el panorama de los campeonatos. Los presupuestos astronómicos necesarios hacen que las fuerzas de los clubes organizadores sean insuficientes y requieran de ayudas estatales, lo cual es posible cuando las circunstancias políticas lo permiten.

Países que buscan promocionarse como Singapur, Corea, India o Malasia se han beneficiado de grandes recursos estatales para acoger a la F1 en vista de su repercusión mundial, a pesar de que carecen de una afición y de una práctica representativa del automovilismo deportivo.

No así en los países europeos, cunas de campeones y desbordantes de actividades mecánicas, que ven peligrar su organización por falta de apoyo de los Gobiernos.

Francia ya perdió su Gran Premio (Magny-Cours) y no hay muchas esperanzas de que lo recupere en el corto plazo. Hockenheim, Valencia, Spa y hasta el mismo Silverstone claman por ayuda.

En cambio,  Rusia, México y Argentina se pelean por una fecha del calendario. Ojalá que la FIA, y Bernie Ecclestone recuerden que las epopeyas de Spa, la pasión de los ‘tifosi’ de Monza, el fervor vivido en Interlagos y tantos otros, constituyen un activo intangible que ha hecho de la categoría lo que es hoy.

Este año presenciamos el ingreso de un circuito que será un clásico: Austin, por la afición y por su trazado, que es el mejor de los diseñados por el arquitecto alemán Herman Tilke, el mejor especialista actual en la materia.

Los autos de Fórmula 1 son maravillas tecnológicas que se han convertido en la herramienta de expresión de uno de los anhelos de superación del hombre: siempre más alto, siempre más lejos.

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