13 de febrero de 2015 16:30

Trujillo tiene el encanto del norte peruano

Los catamaranes o canoas de totora, típicos de varias regiones de Perú, son parte del paisaje de Huanchaco, en la playa de Trujillo.

Los catamaranes o canoas de totora, típicos de varias regiones de Perú, son parte del paisaje de Huanchaco, en la playa de Trujillo.

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Juan Carlos Narváez
Telmo Arévalo Cuesta
Redactor invitado

Muchas de las ocasiones en las que planificamos ir a pasear a algún lado, nuestro espíritu aventurero busca sitios nuevos. Cuando encontramos ese destino, pero está distante, debemos aprovechar para disfrutar de varias cosas a la vez, y hacer que esos muchos kilómetros viajados en nuestro vehículo valgan la pena.

Trujillo, en la costa norte de Perú, cumple con todos esos requisitos. Para empezar, tiene una extensa y muy bonita playa llamada Huanchaco, donde incluso se llevan a cabo importantes competencias internacionales de surf.

Surf

Para quienes nos gusta el turismo arqueológico, alrededor de la ciudad existen varias ruinas precolombinas espectaculares, pero las que más llaman la atención por su extensión, importancia y por lo bien preservadas que están son las de Chan Chan, ubicadas a pocos kilómetros del centro.

También encontramos la Huaca del Brujo, al norte, y las Huacas del Sol y de la Luna, al sur.  Por último, la misma ciudad es muy hermosa, con todo lo que una metrópoli moderna y cosmopolita puede ofrecer. Su Plaza de Armas, o plaza principal, está rodeada de iglesias y edificaciones construidas hace muchos siglos, que son de una belleza impresionante y conforman un Centro Histórico elegante y muy bien mantenido.

Encontramos también museos y centros culturales, locales de artesanías, ferias y mercados, como para satisfacer los gustos de todo tipo de turistas. Cabe destacar el Festival Nacional de la Marinera, el baile más representativo de Perú, que se celebra en la última semana de enero de cada año.

Para llegar a Trujillo, cruzamos la frontera con nuestro vecino del sur por la Costa o por la Sierra: Huaquillas, (El Oro), en el primer caso, o Macará (Loja), en el segundo. Desde allí, seguimos hacia el sur hasta llegar a Chiclayo, que está 200 kilómetros al norte de nuestro destino.

Continuando por la Panamericana Sur, cruzamos pequeñas poblaciones como Reque, Pacanguilla, Chepen, Pacasmayo, San Pedro de Lloc, Paiján, Chocope y Chicama, hasta que en la entrada norte a Trujillo encontramos un desvío para los vehículos interprovinciales, llamado vía de Evitamiento.

Viramos por aquella a la derecha y luego de unos pocos kilómetros se nos señala otro desvío a la diestra que conduce a la playa de Huanchaco, que es un distrito periférico de la misma ciudad de Trujillo.

Una avenida asfaltada nos lleva a este balneario de muy buen nivel, en donde el mar se nos ofrece espléndido. Poco a poco las casas de los residentes, hoteles, hostales, restaurantes de toda categoría, discotecas, pubs, etc., nos dan a escoger las alternativas que deseemos, o a las que nuestro presupuesto nos permita acceder.

Cabe señalar que los precios pueden variar mucho y hay que saber escoger. Sin embargo, con el cambio de la moneda actual a nuestro favor, es barato para nosotros utilizar esos servicios.
Una de las cosas que más llama la atención de los turistas, y en especial a los ecuatorianos, es la exhibición, a lo largo de toda la playa, de los catamaranes o canoas de totora, típicos de Perú, que le da una impronta única y espectacular a esta cálida playa.

A la hora de la comida nada puede faltar, ya que se nos ofrece toda clase de mariscos y pescados muy sabrosos, preparados con la típica sazón peruana, reconocida internacionalmente. También hay restaurantes gourmet, donde se puede probar comida internacional, si nuestro paladar así lo exige.

Y si nuestro gusto no está alineado con los productos del mar, podemos hallar otro tipo de sabores, incluida la comida vegetariana.

Vale la pena alojarnos allí y hacer de Huanchaco nuestro centro de operaciones, pues si tomamos de regreso el mismo camino por el que llegamos, una buena señalización nos enrumbará en pocos minutos al lugar donde se encuentran las ruinas de Chan Chan.
Es mejor ir allá en la mañana o a media tarde, ya que a pesar del calor que pueda hacer, el sol nos regalará una iluminación fantástica, como para disfrutar de los encantos de estas ruinas. Vale decir que, por coincidencia, Chan Chan significa Sol Sol, o Sol Refulgente.

Chan Chan es la ciudad prehispánica de adobe más grande de América Latina, y la segunda en el mundo. Construida por los chimúes, tiene una gran cantidad de murallas talladas en bajorrelieve, así como figuras de aves y animales que forman un conjunto de ciudadelas espectaculares.

Tanto la gran plaza principal, custodiada por estatuas de guerreros hechos en piedra y rodeada de murallas muy altas, como los demás recovecos y callejones, plazas menores y sitios destinados a la vivienda de sus pobladores, están muy bien preservados.

Llama la atención, sin embargo, que en ciertas partes hay arqueólogos y otras personas que trabajan en nuevos hallazgos. Esos sitios se encuentran cerrados al público.

Luego de unas dos horas de recorrido, el espíritu queda renovado al conocer y admirar el prolífico legado de aquellos antepasados. Considero que este es un sitio que tanto los profanos como los entendidos valorarán conocer. En la próxima entrega conoceremos más sobre otros atractivos que Trujillo tiene para mostrarnos. Un abrazo y hasta pronto.

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