18 de marzo de 2016 17:40

Armadillo y el Pintado: joyas de La Manga del Cura

Estas caídas de agua rodeadas de naturaleza ponen en el mapa a un recinto poco conocido.

Estas caídas de agua rodeadas de naturaleza ponen en el mapa a un recinto poco conocido.

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Telmo Arévalo Cuesta 
Redactor Invitado

La semana pasada les conté cómo llegar hasta la Manga del Cura o recinto El Paraíso La 14, y les describí cómo es ese poblado. Sin embargo, sus atractivos más destacados son las cascadas cercanas. Quienes las conocen las describen como muy hermosas.

Unos pocos metros después de la salida sur del recinto encontramos una ‘Y’ en el camino. Un letrero negro con letras blancas nos sugiere la opción de visitar la cascada del Armadillo, a la izquierda, y el Salto del Pintado a la derecha. Como la más cercana era la de la izquierda, allá fuimos primero.

Esta ‘Y’ divide el camino para visitar cada una de las cascadas.

Esta ‘Y’ divide el camino para visitar cada una de las cascadas.

Después de una curva en bajada hacia la derecha, el amplio río Armadillo, que no es muy correntoso, se cruzó en nuestro camino. El propietario de una camioneta la lavaba en medio del río, y unos motociclistas del lugar lo cruzaban con tranquilidad, pero con precaución.

Eran indicios de que no había mayor peligro, entonces también nos decidimos a cruzarlo. Despacio, y brincando entre las resbalosas piedras a las que veíamos a través del agua cristalina, nuestra camioneta nos llevó hasta la otra orilla, donde la estacionamos.

Bajamos del vehículo y buscamos la cascada. Mirábamos corriente arriba, y nada. De pronto, ahí mismo, corriente abajo, la encontramos. Resultó que éramos nosotros quienes estábamos en la parte alta, y al borde del abismo.

Desde el filo del precipicio me asomé a observar la caída de agua, y lo que vieron mis ojos me dejó asombrado. Una cosa es tratar de describir con palabras un paisaje o un lugar impresionante, y otra es conocerlo y disfrutarlo en vivo.

La realidad siempre supera al relato, y por eso sería mejor que ustedes mismos lo disfruten ‘in situ’. A nuestra derecha, un apretujado bosque de árboles y arbustos que forman una especie de selva es el marco perfecto para esta cascada que, sin ser muy alta ni de mucho caudal, es muy bonita.

Un sendero de tierra resbalosa nos encamina hasta la parte baja de la cascada, y desde ahí la vista es mejor todavía. La melodía que nos da la naturaleza al mezclar el sonido del agua al caer, el silbido del viento que sopla raudo y sacude las hojas de los árboles, el canto de los pájaros y la ausencia de ruido producido por el hombre, permite que nuestra alma reviva.

Para terminar, vale la pena contarles que, arriba del río, un puente colgante peatonal permite admirar el paisaje desde otra perspectiva. Nadie mintió sobre esta belleza de nuestro Ecuador.

Sin ser muy caudalosas, las cascadas brindan un gran espectáculo

Sin ser muy caudalosas, las cascadas brindan un gran espectáculo

Luego de tanto regocijo, pensamos que la otra caída de agua que íbamos a conocer probablemente no estaría a la altura de esta. Pero primero había que conocerla antes de dar un veredicto.
Subimos a nuestro vehículo y nos fuimos tras la cascada el Salto del Pintado. 10 minutos de camino destapado, pero en buen estado, bastaron para llegar hasta allá.

Unas cabañas de madera con techo de hojas de palmera habían sido acondicionadas para albergar a los visitantes. Un comedor recién había prendido la leña para preparar los alimentos que se ofrecerían a los turistas que estaban por llegar. Era fin de semana de feriado.

Preguntamos sobre las delicias que estaban por convidar y nos nombraron varias: caldo y seco de gallina de campo; carne asada con arroz, menestra y patacones; bocachico frito con arroz y ensalada de cebolla y tomate y tonga de pato como plato principal. El apetito se nos abrió de inmediato.

Preguntamos sobre la cascada del Pintado y ahí, abajo, un manso río de unos veinte metros de ancho se precipitaba al vacío formando la cascada. Árboles de cacao, bambú, caña guadua y matas de paja toquilla y muchas otras más, formaban un denso bosque, por el que debíamos cruzar para llegar hasta la parte baja.

Luego, un sendero bien marcado y hecho de cemento permitió un fácil acceso al lugar donde el río regresa a su mansedumbre. La belleza de estas dos cascadas está fuera de toda duda. ¿Cómo es posible que muy poca gente las conozca?

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