11 de diciembre de 2016 00:00

El goalball reúne a los no videntes en Cuenca

18 equipos, entre femeninos y masculinos, participan en un torneo nacional. Foto: Manuel Quizhpe/ EL COMERCIO.

18 equipos, entre femeninos y masculinos, participan en un torneo nacional. Foto: Manuel Quizhpe/ EL COMERCIO.

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Manuel Quizhpe

Jennifer Torres es la figura indiscutible del Acacig Sporting Club de Guayaquil, uno de los clubes que participa en el Nacional de Goalball. Las finales de este campeonato, de hombres y mujeres, se juegan hoy (11 de diciembre de 2016) a las 12;00, en el patinódromo de Totoracocha, en Cuenca.

El humor negro de Torres, que tiene una ceguera de nacimiento, contagió anteayer a los presentes. “Pónganse para la foto del Facebook”, sugirió a sus compañeras cuando la prensa gráfica solicitaba unas tomas al grupo, en un partido de fútbol de no videntes. “Miren al pajarito”, decía mientras sonreía. Eso causó hilaridad entre los fotógrafos, reporteros y jueces.

Ella, de 19 años, nació con ­ceguera producto de una toxoplasmosis (enfermedad parasitaria). Nunca dejó de estudiar a través del método braille, con la ayuda de su mamá, Jenny Torres. “Este año me gradúo de bachiller si Dios me permite”. Ya piensa en seguir sus estudios en Comunicación o en Psicología.

Sin embargo, tampoco descarta la carrera de entrenadora para enseñar a los deportistas con discapacidad visual. Esa inclinación la demuestra en la cancha, siempre está guiando a sus compañeras de ambos costados. Tampoco faltan las palabras de motivación o de reclamo por alguna jugada.

Con dos años de práctica, la guayaquileña ya fue convocada a la selección de goalball. La semana pasada participó en un torneo Internacional en Quito. Allí jugó un torneo amistoso con equipos de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador. “Fui titular en todos los partidos”, cuenta extrovertidamente.

El goalball se juega con tres integrantes por cada equipo, quienes se ubican delante de los arcos que miden 9 metros de largo por 1, 30 metros de alto. Durante el juego, los deportistas permanecen de rodillas, distribuidos en un rectángulo de nueve metros de largo por tres de ancho: dos a los costados y uno al centro.

El balón tiene dos cascabeles con ocho agujeros, cuyos sonidos permiten que los jugadores puedan orientarse. Quien tiene la pelota es el único que se pone de pie para ejecutar el lanzamiento a la portería rival. Se juegan dos tiempos de 12 minutos, con tres de descanso. Al final, el equipo con más goles gana el partido

Los jugadores se orientan en la cancha de 18 metros de largo por nueve de ancho, a través del tacto, siguiendo líneas demarcadas con una cuerda delgada, protegida con una cita adhesiva. Hay seis jueces: dos principales y cuatro asistentes, quienes se ubican a los costados de los arcos.

Según Milton Antamba, director técnico de la Federación Ecuatoriana de Deportes para Personas con Discapacidad Visual, los participantes son ciegos totales, parciales o de baja visión. Por ello, antes del juego se les coloca unos parches oculares para que no pasen rayos de luz.

La idea es que “todos compitan en igualdad de condiciones”. Además, están protegidos con visores para evitar golpes con el balón. También usan rodilleras y camisas acolchonadas para los golpes. Los hombres usan protecciones testiculares y las mujeres protecciones para sus senos.

Torres está convencida que los ciegos de nacimiento tienen cierta ventaja para el goalball, porque hay una mejor orientación para los sonidos. “Nuestros sentidos están más despiertos en relación con los de personas que adquieren la discapacidad visual”.

El Nacional de Goalball, que agrupa a 18 equipos (7 femeninos y 11 de varones) se cumple hasta hoy en Cuenca. Se organizó en paralelo con los I Juegos Nacionales de Deporte Adaptado.

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