8 de agosto de 2014 16:05

Cajamarca, un vistazo al Imperio de los Incas

La ciudad cuenta con construcciones en piedra.
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Telmo Arévalo Cuesta. Redactor invitado

Estamos en época de vacaciones en la Sierra ecuatoriana, y muchas personas estarán planificando adónde viajar para disfrutar del verano. Si bien en anteriores ediciones hemos dado varias opciones de paseo, ahora les propongo algo diferente. Vamos a conocer la ciudad donde fue capturado y ejecutado el último Emperador Inca, el quiteño Atahualpa. Les invito a viajar a Cajamarca, en Perú.

Como anteriormente les había comentado todo el proceso para cruzar la frontera hacia nuestro vecino del sur, ahora partiremos desde la frontera para conocer Cajamarca, una hermosa ciudad en las alturas de la serranía peruana.

Personalmente, me gusta mucho cruzar el límite fronterizo con Perú por la ciudad de Macará, en la provincia de Loja. La carretera que llega a esta tranquila ciudad está totalmente pavimen­tada y nos adentra más al sur en ­ territorio vecino.

Además, al haber menos afluencia de turistas y viajeros, el trámite para ingresar a ese país es más sencillo y rápido, tanto para las personas como para los vehículos.

La población fronteriza en este sector de Perú se llama La Tina. Desde ahí seguiremos por un muy buen trazado, bastante plano y en óptimas condiciones que continúa nuestra carretera Panamericana. Cruzamos por Suyo, Las Lomas, Tambo Grande.

Ahí tomamos el desvío por una carretera estrecha pero muy pintoresca (107) que nos lleva a Chulucanas, que junto con Catacaos es la capital de la cerámica en barro y de la orfebrería del vecino del sur.

En Chulucanas podemos empezar a disfrutar de la deliciosa comida peruana y conocer los locales de venta de artesanías. Desde esta población seguimos hacia el sur por la carretera PI-108, hasta llegar al desvío a Piura en el cruce con la carretera 1B o Interoceánica Norte, donde tomamos a la izquierda. Seguimos por una excelente vía, con muy poco tráfico y sin ningún cobro por peaje (no olvidemos que este rubro es muy alto en Perú) con rumbo a Chiclayo.

Cruzaremos pequeños poblados como Ñaupe, Mocape, Olmos, Tongorrape, Motupe, Jayanca, Pácora, Illimo, Túcume y Mochumi, que tienen mucho para mostrar de la antigua historia peruana, en especial del interesante pueblo Moche.

Hay muchos sitios arqueológicos, pequeños museos, pirámides etc., que hacen las delicias de los turistas ávidos por conocer algo nuevo y diferente de lo que tenemos en nuestro país.

Llegamos a la ciudad de Lambayeque, cuya catedral es imponente (vale la pena conocerla). Muy cerca de aquella se encuentra la Casa de la Logia, con el balcón más largo de Sudamérica (60 metros).

También recomiendo visitar el museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán. Una verdadera maravilla. De aquí a Chiclayo distan poquísimos kilómetros.

Chiclayo es la cuarta ciudad más poblada de Perú, y tiene, obviamente, mucho para ofrecer al visitante: importantes edificaciones construidas en la época colonial, parques, iglesias, museos, sitios de interés general y, muy cerca, las famosas playas de Pimentel.

Por comida, ni qué hablar, existe de todo y para todos los gustos.

Como nuestro objetivo es llegar a Cajamarca, desde Chiclayo seguimos por la carretera Panamericana Norte o N1 con rumbo al sur. Cruzamos Reque, Mocupe, Pacanguilla, Chepén, Guadalupe y Ciudad de Dios, desde donde se toma el desvío a Cajamarca guiados por un letrero muy bien señalado.

La carretera va subiendo poco a poco y cruzamos poblados como Limoncarro y El Tamarindo. Llegamos a la represa Gallito Ciego y continuamos por Tembladera y Chilete. Ahí tenemos dos opciones para llegar a Cajamarca y ambas son muy válidas, porque las vías están en muy buen estado. Solo varían las pequeñas poblaciones que se pueden conocer en uno u otro lado. Incluso se puede ir por la ruta de la izquierda, o carretera 8A, y regresar por la otra vía.

Si tomamos la mencionada vía 8A, un poco antes de llegar a Cajamarca nos encontramos con la Granja Porcón, que abre sus puertas a los turistas. Ahí nos demuestran el buen manejo de las tierras y del ganado vacuno. Incluso se puede tomar leche recién ordeñada y probar sus sabrosos quesos y ­yogures, entre otras cosas.

Un poco más adelante está Cajamarca, que es la ciudad más importante de la Sierra norte del Perú, situada a 2 750 msnm y es la decimocuarta más poblada del país.

Me llamó la atención la diferencia muy notoria que existe entre la parte más moderna de la ciudad y su centro histórico. Muy parecido a lo que sucede en Quito.

A pesar de que las calles de los alrededores son estrechas y con casonas coloniales, el centro, como tal, es muy marcado. La Plaza de Armas, que es la plaza mayor, está rodeada de casas al más puro estilo español, que en su mayoría han sido convertidas en hoteles y hostales de muy buen nivel.

También hay restaurantes gourmet y todo tipo de negocios creados para ofrecer muchas alternativas a los turistas, que acuden a Cajamarca en gran cantidad desde diferentes partes del mundo.

Rodean a esta plaza la catedral (que llama la atención por su falta de torres altas, típicas de toda iglesia católica), la espectacular iglesia de San Francisco, y un poco al costado, frente a esta última, el famoso cuarto del rescate de Atahualpa, donde, según cuenta la leyenda, el último Inca ofreció llenarlo con oro y plata hasta una altura determinada, a cambio de ser liberado por sus captores españoles.

De este y otros atractivos adicionales muy importantes de visita obligatoria para quienes decidan desplazarse hasta Cajamarca, hablaremos en la segunda parte de este relato. Hasta entonces.

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