10 de agosto de 2016 19:37

El boxeador ecuatoriano Carlos Quipo tocó la medalla pero no la alcanzó

Carlos Eduardo Quipo Pilataxi (izq.) mantuvo una pelea pareja ante el estadounidense Miguel Hernández. Foto: AFP

Carlos Eduardo Quipo Pilataxi (izq.) mantuvo una pelea pareja ante el estadounidense Miguel Hernández. Foto: AFP

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Martha Cordova
Desde Río de Janeiro
Río2016

El fallo fue unánime y Carlos Quipo cayó al piso. El dolor pudo más ante la derrota ante Nico Hernández de Estados Unidos, por los 48 kg de los Juegos Olímpicos Río 2016.

La mejor estatura y alcance del estadounidense al final pesó en este combate que fue muy cerrado. Los dos pugilistas entraron al combate decididos a lograr la victoria por eso perdieron miedo a recibir los golpes del rival.

El combate se realizó esta tarde del miércoles 10 de agosto en el Pabellón 6 de Río Centro, un escenario que pudo ser histórico para el país, pero al final no lo fue.

Carlos Quipo estalló sus guantes en el mentón de su rival en más de tres ocasiones en el primer asalto, que lo terminó ganando. También logró dos ganchos, el golpe de su predilección.

En el segundo asalto, el estadounidense, entró con mejor actitud. También acertó dos golpes en el mentón y la nariz de Quipo, que no esquivar. Los jueces le vieron ganador porque, además, al ecuatoriano le llamaron dos ocasiones la atención por abrazar al rival para parar su descarga de golpes.

Al tercero, los dos púgiles entraron con el marcador igualado en 19 puntos. El estadounidense volvió a mostrar su buena técnica. Acertó un trío de golpes, mientras Quipo recurrió a los ganchos de izquierda con el propósito de hacer daño en la zona hepática.

Hernández finalmente ganó el combate y aseguró una medalla olímpica. Esa era la meta que quería alcanzar Carlos Quipo, el menudo boxeador de Napo, que practica el boxeo desde los 13 años cuando siguió los pasos de su hermano Pedro.

Hace cuatro años debutó en los Juegos Olímpicos, cuando peleó en Londres 2012. En esa contienda también avanzó a la segunda ronda, y quedó fuera. En Río 2016, la misión era superar los cuartos de final y hacer suya la medalla olímpica.

No pudo cumplir con su propósito y derramó lágrimas, aquellas que derrama un valiente cuando la impotencia impera. “Es la pelea de mi vida, la más importante”, dijo la víspera. Y lo encaró como una final, no se guardó nada, “con todas las ganas de hacer bien las cosas porque en el boxeo no hay otras oportunidades, si ganas sigues, si pierdes te vas”.

Salió del camerino a masticar su pena, no le importó la lluvia que acompañó a Río de Janeiro durante todo el día. Demoró varios minutos su desconsuelo.

Fue hace un mes cuando pudo clasificarse a los Juegos Olímpicos. Lo intentó en los torneos de Argentina y Azerbaiyán, pero fue recién hace un mes cuando aseguró su cupo.

No hubo tiempo sino para hacer un entrenamiento final en Ecuador y Venezuela, no realizó combates para hacer un cierre final.

Luego de Londres 2012 se perdieron tres años en disputas dirigencias. No había preparación y tampoco participación internacional. Hubo un retroceso en el mismo deporte pues, para los pasados juegos se clasificaron siete deportistas, a Río solo lo hicieron 4.

Con 26 años deberá iniciar un nuevo proceso rumbo a Tokio 2020, la próxima cita olímpica en la que aguardará superar el segundo combate.

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