24 de enero de 2017 10:46

Bernie Ecclestone, el hombre que encarnó la Fórmula 1 

Bernie Ecclestone durante el Gran Premio de Estados Unidos

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Agencia DPA

Pasando casi desapercibido, Bernie Ecclestone se levantaba de su asiento y conducía rumbo al siguiente aeropuerto antes de que hubiera terminado el Gran Premio de Fórmula 1.

Así de audaz y adelantado fue siempre el británico, un hombre que muy pronto en su vida se dio cuenta de que su olfato para los negocios era mucho mayor que su talento al volante. Solo en ocasiones muy especiales Ecclestone se quedaba a ver la bandera a cuadros. Lo hizo por ejemplo con el presidente Vladimir Putin en el novedoso Gran Premio de Rusia en Sochi.

El británico se codeaba con los más poderosos de la política mundial y no tenía ningún reparo en hacer negocios con los líderes internacionales más cuestionados. "Con la democracia no puedes hacer girar la rueda", dijo alguna vez Ecclestone. Toda una definición de sus principios para los negocios. Bajo su mando, la Fórmula 1 no tuvo reparos en expandirse por fuera de sus circuitos tradicionales para ir en busca de los millones. Divide y reinarás: así gobernó Ecclestone la Fórmula 1 durante cuatro décadas, un período en el que resistió a enemigos y revoluciones de todo tipo.

Las luchas de poder eran, en realidad, casi una cuestión diaria para el británico, habilidoso como nadie en su sistema de premios y castigos. El poder de veto y los pagos especiales que otorgó durante largo tiempo a Ferrari, como único equipo que integró la categoría desde sus inicios en 1950, fueron apenas una muestra de ese mecanismo.

Como dueño de los derechos comerciales de la Fórmula 1, primero, y como director ejecutivo, después, Ecclestone supo lidiar con jefes de equipo, escuderías, presidentes de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y en los últimos años también con la Justicia. La multiplicación del dinero y del poder eran las grandes especialidades de Bernard Charles Ecclestone, el hijo de una familia trabajadora nacido en el suburbio londinense de Bexleyheath hace 86 años.

Ya desde muy niño, Ecclestone aprendió a negociar prácticamente con todo lo que pasaba por sus manos. Hizo su primer dinero como vendedor de coches usados y décadas después terminó sentado en la mesa dialogando con políticos sobre contratos millonarios. "Bernie es increíblemente rápido para esto", lo elogió alguna vez Toto Wolff, el jefe de deportes de motor de Mercedes. Aún con su avanzada edad, sus ojos siguieron siempre brillando pícaros detrás de sus lentes. Sus declaraciones, originales y muchas veces políticamente incorrectas, causaron más de un dolor de cabeza en la Fórmula 1.

Causó revuelo al elogiar en una ocasión a Adolf Hitler, así como con sus comentarios misóginos. Pero sus exabruptos casi nunca terminaron haciendo mella en su liderazgo. Algunas de sus extravagantes propuestas deportivas también fueron duramente cuestionadas por pilotos y equipos en los últimos tiempos. Pero como hombre de negocios, Mister E siempre fue muy respetado en boxes. Ecclestone está ampliamente considerado como el hombre que convirtió la serie automovilística en el negocio multimillonario que es hoy.

El británico compró los derechos comerciales a fines de los 70 y con la llegada de CVC Capital Partners pasó a desempeñarse como director ejecutivo. El proceso de venta de los derechos de la Fórmula 1 le valió en los últimos años una investigación de la Justicia alemana por presunto soborno. El proceso, sin embargo, fue zanjado con el pago de una multa de 100 millones de dólares. "Los jueces hicieron un buen trabajo para hacer que tenga que pagar tando dinero", dijo Ecclestone con su típico humor.

Sus golpes más duros, no obstante, no provinieron de la Justicia, sino del propio deporte que lo consagró. La muerte en carrera de Stuart Lewis-Evans (1959) y Jochen Rindt (1970), dos de los pilotos que apadrinó, dejaron su marca en la vida de Ecclestone. Pero ni los golpes ni el paso del tiempo lograron afectar la vitalidad de Ecclestone, que en 2012 contrajo matrimonio -el tercero- con la brasileña Fabiana Flosi, 48 años más joven que él. Su verdadero amor, sin embargo, fue siempre el automovilismo, ya desde sus frustrada etapa como piloto a fines de los '40, antes del nacimiento de la máxima categoría del motor. El nombre de Ecclestone fue y es sinónimo de Fórmula 1, algo que no cambiará con la llegada de los nuevos dueños de la categoría y su desplazamiento por el estadounidense Chase Carey. El británico seguirá como presidente emérito, aunque ya no podrá seguir desarrollando lo que hacía antes incluso de ingresar a la escuela primaria: negocios. 

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