5 de abril de 2015 23:17

Belén Ibarra cambió la piscina por una canoa

La subcampeona mundial se entrena para obtener un cupo a los Juegos Panamericanos. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

La subcampeona mundial se entrena para obtener un cupo a los Juegos Panamericanos. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Redactor (D)

La subcampeona mundial María Belén Ibarra discutió con su papá para poder practicar el canotaje. Antes, ella era nadadora y pertenecía a los registros del Club Sport Emelec.

Su padre, Vicente Ibarra, también practicaba natación y por eso incluyó a su hija en esa disciplina. Sin embargo, Belén decidió cambiar de deporte tras seis años en las piscinas guayaquileñas.

Se sentía aburrida y estancada en la natación, porque sus marcas no mejoraban y sus ganas de entrenarse disminuían. Tampoco tenía la posibilidad de viajar fuera del país para competencias internacionales. Consideraba, entonces, que esto le impedía crecer como deportista.

Al principio su padre se negó a apoyarla. Luego, decidió ayudarla en su cambio.

Ella cuenta que su familia es unida y tiene una buena relación con su papá. Ahora, dice que pasar al canotaje fue su mejor decisión. Como canoísta ha visitado Europa, Asia y varios países de América.

Belén es una de las referentes del seleccionado ecuatoriano y se clasificó a los Juegos Sudamericanos, que se realizarán en Imbabura, en abril.

Se inició en la escuela de la Federación Ecuatoriana de Canotaje en el 2007 por recomendación de Ossian Frydson, hoy presidente del organismo. Él también era nadador y la convenció para que se dedicara a este deporte.

La ecuatoriana lleva ocho años en el piragüismo y perdió la cuenta de las medallas que ha ganado en esta disciplina. Ha sido campeona en Juegos Bolivarianos, Sudamericanos y Panamericanos. También cuenta en su trayectoria con un subcampeonato mundial.

A la guayaquileña no le costó adaptarse al canotaje. La fuerza que desarrolló en los brazos y en las piernas durante su etapa de nadadora le permitió adaptarse rápido a esta disciplina. Así, con solo un año de prácticas, llegó a la selección nacional.

Ella dedica cuatro horas diarias al canotaje. Le gusta escuchar música electrónica mientras conduce su automóvil. Eso la mantiene alerta y motivada antes de entrar al agua.

Compite en la categoría C1-200 metros, en la que se destaca la campeona mundial de este deporte, Anggie Avegno. Eso hace que las deportistas tengan una relación de rivalidad y amistad.

Ambas pertenecen a la selección y regularmente hacen competencias internas. Les gusta medir sus capacidades haciendo carreras cortas, en los entrenamientos.

Esto no impide que se lleven bien. Cuando sacan sus canoas del agua se olvidan de la competitividad y prefieren conversar de temas como música y películas. “Cuando gano ella me felicita y cuando es lo contrario, yo me acerco a ella”.

Sebastián de Cesare, entrenador de la selección, cree que esta competencia es sana para ambas. Eso les permite exigirse en cada práctica y no relajarse antes de los certámenes.

Belén quiere culminar la universidad lo más pronto posible para dedicarse al canotaje. Este año, debe presentar la tesis para graduarse (estudia Pedagogía, en la Universidad Católica). El año pasado, ante la falta de tiempo para estudiar y entrenarse a la vez, casi se retira de la ‘U’.

Su objetivo a corto plazo es el Sudamericano de Imbabura. También apunta a las Copas Mundiales de Portugal, Dinamarca y Alemania.

En esas competiciones se definirá si obtiene el cupo para los Panamericanos que serán en Canadá, en julio. Ella disputa esa opción con Avegno.

Ella ama su deporte y, por eso, se plantea ser profesora de canotaje en el futuro. Cuenta que ya ha recibido propuestas de la federación, pero ahora prefiere seguir como deportista. “Una manera de retribuir lo que me ha dado el deporte es con la enseñanza”.

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