17 de diciembre de 2017 16:10

El barrio Cuba de Guayaquil armó su mini Capwell

Los parlantes encendieron el festejo en esta barriada tradicional y futbolera del Puerto Principal. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

La tribuna se instaló en una acera de la desolada calle Estrada Coello. Cada uno arrastró su silla, banco o tacho para separar el mejor puesto afuera del local de secos Don Rey, donde un plasma a todo volumen concentró a los amantes del fútbol desde el mediodía.

“En una final hay que apretar bien los dientes”, repetía Simón Riera, sentado en primera fila, mientras miraba la previa del partido final del campeonato nacional, el último duelo entre el Club Sport Emelec y Delfín SC, que se jugó en Manta (Manabí).

No reveló el color de su camiseta -andaba con una blanca-. Pero en el barrio Cuba, en el sur de Guayaquil, hay dos bandos bien marcados: los azules y los amarillos. “Aquí estamos por el amor al fútbol, el deporte de los pobres”, dijo para evadir la respuesta.

Los parlantes encendieron el festejo en esta barriada tradicional y futbolera del Puerto Principal. Aquí, a más de 190 de kilómetros de distancia del estadio Jocay, los fanáticos del bombillo improvisaron su propio George Capwell, a la espera de la estrella 14.

Los parlantes encendieron el festejo en esta barriada tradicional y futbolera del Puerto Principal. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

Los parlantes encendieron el festejo en esta barriada tradicional y futbolera del Puerto Principal. Foto: Elena Paucar / EL COMERCIO

“Emelec está más canchero. Tiene más talla”. Era el análisis de Luis Vega durante el primer tiempo. La Cuba tiene su equipo de analistas deportivos, un título que les han otorgado los vecinos por su trayectoria nacional.

Vega, por ejemplo, fue parte del Panamá Sporting Club, un equipo guayaquileño que nació en los años 20. Por eso, esta tribuna no vibró con una barra eufórica -solo lo hacía con el paso cotidiano de la metrovía en la esquina-.

Aquí pesó el análisis frío antes que los gritos. “Los goles de entrada y los de salida son los que más duelen”, fue lo único que comentó Vega después del tanto de Ayrton Preciado, en el minuto 44. El descanso del medio tiempo llegó y fue el momento que aprovecharon estos comentaristas para encender algunos cigarrillos.

A dos cuadras, en el angosto callejón 5 de Junio, donde apenas puede pasar un auto, la Cuba se estremecía. Esta zona es conocida como la sucursal de la Boca del Pozo. La carpa de piqueos del pirata, como le dicen a Jorge Peñafiel, era una verdadera caldera.

Las jabas vacías de cervezas sirvieron para armar el graderío junto a la vereda, al pie del ventanal de una casa donde colocaron un televisor. Con un gol en el primer tiempo, los eléctricos estaban optimistas y hasta bromeaban con los barcelonistas, sus rivales tradicionales.

“Vamos, un gol más para matar al pavo”, gritaba el pirata mientras parte de los 100 corviches que preparó para la venta. “15 es más que 14. No te olvides de eso”, le decía un torero.

Una bandera gigante del ballet azul era la entrada a esta mini general, donde se corearon los himnos del bombillo a todo pulmón durante el segundo tiempo. “Hay temblor en Manabí porque está brincando la Boca del Pozo”, bromeaba Fernando Intriago, poco antes del gol definitivo de Brayan Angulo.

El estruendo de los cohetes abrió la celebración las esquinas del barrio tras el pitazo final. Los hinchas salieron a las calles, a festejar bajo los semáforos. En el callejón 5 de Junio, el pirata remató los últimos corviches. “Lleva tu corviche de delfín”, gritaba.

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