15 de diciembre de 2014 16:52

La final BSC-Emelec es una derrota para el fútbol

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Alejandro Ribadeneira

La final de este año es una enorme derrota para el fútbol ecuatoriano: los dirigentes reconocen que ya no pueden lidiar con los hinchas violentos (algunos aupados por las directivas en el pasado) y prefieren partidos sin barras visitantes que afrontar el reto de organizar un cotejo importante, de ‘alto riego’.

Que esto ocurra además en el Clásico del Astillero, el partido regional más importante de la Costa, es un símbolo de que el fútbol que más nos gusta, ese que se disfruta en las gradas con la familia o los amigos, está prácticamente extinto. Nos lo quitaron los violentos. Mejor dicho, nos lo dejamos quitar y así de fácil.

Resulta un poco desconcertante que este hecho pase desapercibido, en segundo plano. Es como si la euforia por esta inédita final nublara el sentido crítico. Lo histórico no es solamente el duelo entre canarios y eléctricos sino que, obligados por la impotencia y el miedo, hay que cerrar las puertas a todos los visitantes porque un puñado de barristas son incontrolables.

¿Cuándo pasó eso?, ¿cuándo llegamos a esto?, ¿acaso por fin nos hemos ‘argentinizado’, en la peor acepción del término? ¿O será que, derrotados sin pelear, preferimos esto a lamentar algo después?

Eso ha motivado que el Ministro del Interior se queje y pida que los visitantes entren nomás. Claro, esta exclusión también es una derrota para la Policía, a la que se señala veladamente como incapaz de afrontar el control del espectáculo.

También ha sido extraño que, luego de que durante toda la temporada abundaron las críticas sobre el discretísimo nivel del Campeonato, por obra y gracia de Houdini, de repente estamos ante una “final soñada”, “la final del siglo (faltan tantas décadas para que se acabe la centuria)” y demás frases complacientes y regalonas, que forman parte de un mundo etéreo y no del que hemos visto en estas sufridas 44 fechas.

Quizás este viraje es para justificar el increíble precio para ver el partido en el Monumental. ¡25 dólares la general!, como si jugara la Tricolor con el Manchester United. Y esto es lo último que faltaba en esta colección de desatinos: los dirigentes de BSC se quejaron todo el año de los abusos de los rivales, que siempre subían los precios de la entradas cuando los canarios eran visitantes, ¡y ahora hacen lo mismo con sus propios hinchas! Rara final. Y carísima. Son los tiempos que nos toca vivir.

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