2 de diciembre de 2017 12:35

Un Atlético de Madrid bipolar sigue a la caza del liderato del Barcelona

El golero argentino de la Real Sociedad, Geronimo Rulli, se lanza para bloquear un avance del defensa uruguayo del Atlético de Madrid Diego Godín en el estadio Wanda Metropolitano. Foto: Javier Soriano / AFP

El golero argentino de la Real Sociedad, Geronimo Rulli, se lanza para bloquear un avance del defensa uruguayo del Atlético de Madrid Diego Godín en el estadio Wanda Metropolitano. Foto: Javier Soriano / AFP

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Agencia EFE

Un gol del francés Antoine Griezmann en el minuto 88 culminó la remontada del Atlético de Madrid, que entregó la primera media hora, desbordado por la Real Sociedad, pero que reaccionó a tiempo, ambicioso y vencedor agónico, a la caza del liderato del Barcelona, ahora dos puntos más cerca: a seis.

Un Atlético bipolar, desconocido hasta el minuto 29, hasta el gol que adelantó al conjunto donostiarra, anotado por Willian José de penalti, y rearmado después, con ocasiones, con intensidad y con dos tantos, los dos provocados por Saúl íguez, el primero con una formidable jugada, y anotados por Filipe Luis y el citado Griezmann.

Desde hace días, el argentino Diego Simeone insiste en que el fútbol es muy cambiante. Hace dos jornadas, cuando el Atlético igualó en el derbi frente al Real Madrid (0-0), miraba al líder desde lejos, a diez puntos; dos victorias después lo ve cerca, a seis, con todo un mundo aún por jugar en este curso de la Liga.

Un dato tangible que valida el rearme del bloque rojiblanco, sufridor este sábado. No hay una teoría exacta en el fútbol ni en el ánimo. El miércoles, el Atlético doblegó 3-0 al Elche; la Real Sociedad fue eliminada por el Lleida por 2-3. Ni rastro hubo en el inicio del encuentro de la desconfianza que podría haber generado lo segundo en el conjunto donostiarra, que surgió entero y dominador.

Todo lo contrario que el Atlético, al que le duró un minuto una aparente predisposición para presionar a su rival, para jugar en campo contrario, porque después deambuló por el terreno de juego a la expectativa, más a la espera del fallo ajeno que del acierto propio, sin apenas proposición ofensiva, con excesivas prudencias.

Una concesión para un bloque como la Real, que se siente a gusto con la pelota, pero no sólo como un mecanismo de control, sino también con una exigencia productiva, destino hacia la portería rival, este sábado la de Jan Oblak, aliviado cuando Willian José envió alta una ocasión o cuando su pie evitó el gol de Xabi Prieto.

Por entonces, el equipo donostiarra ya era el dueño absoluto de un choque anodino del Atlético. Atrás, arriba y en el medio. En cada sector del campo, desbordado por el conjunto visitante, que intuía nuevas oportunidades y el gol, marcado por Willian José a través de un penalti cometido por Oblak sobre Oyarzabal. Un 0-1 previsible.

Al borde de la media hora, sin nada aún del Atlético, tan vulnerable atrás en cada uno de sus defensas como inadvertido arriba hasta el 0-1, cuando sintió que el partido se le escapaba de forma evidente, en el juego y el marcador, y cuando propuso una reacción, al menos en ambición y ocasiones, las dos de Correa, en dos minutos y literalmente contra Gero Rulli.

Terminado el primer tiempo, camino del necesario replanteamiento rojiblanco y de un descanso ganado y merecido por la Real, los tres puntos eran visitantes, quizá con las mismas oportunidades en una y otra portería, pero con una distancia enorme en las sensaciones: preocupantes en los locales, reconfortantes en los visitantes.

Por delante, una carrera contra el cronómetro de 45 minutos y contra su propia ineficacia ofensiva, con un ejemplo más: la opción que Correa envío a las nubes a tres metros de la portería y sin más oposición que Rulli. La jugada había comenzado con un pase de Griezmann, el más lúcido de todos junto a Koke con el balón.

El partido, en cualquier caso, ya había cambiado desde el punto de vista del Atlético, más intenso, más potente y más valiente, y de la Real Sociedad, más atrás, con menos salida y con muchos más problemas ante el arrebato rojiblanco, que exigió nuevas paradas de Rulli, a tiros de Koke y Griezmann, y que provocó por fin el 1-1.
Porque el equipo rojiblanco tiene futbolistas que marcan las diferencias, como Saúl. No era ni de lejos un buen encuentro suyo, pero su jugada del empate fue sensacional e imponente, por calidad, por zancada y por potencia, para dejar atrás a tres oponentes. Y, por extensión, por resultad: el 1-1 logrado hábilmente por Filipe.

Aún no era suficiente para el Atlético, tampoco para la Real, que reapareció de pronto y amenazante unas cuantas veces por el otro área, mientras los locales preparaban la ofensiva final con dos nombres nuevos, Fernando Torres y Yannick Carrasco, que en un minuto conectaron mejor que muchos en todo el duelo. Rulli, entonces, se lució al testarazo de Griezmann. Después, a la volea de Torres.

Quedaban 15 minutos de pasión, de ruleta rusa y de ocasiones en ambos lados con un ganador: el Atlético, que culminó la remontada a tres minutos del final, con un cabezazo de Saúl íguez remachado por Antoine Griezmann, tres puntos de un valor enorme, por el desarrollo del duelo y porque el liderato está más cerca: a seis puntos.

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