15 de marzo de 2016 21:36

El Atlético de Madrid obliga a sus creyentes a sufrir hasta los penaltis

La plantilla del Atlético de Madrid celebra la victoria sobre el PSV Eindhoven tras la tanda de penaltis al final del partido de vuelta de octavos de final de la UEFA Champions League que se jugó en el estadio Vicente Calderón, en Madrid. EFE

La plantilla del Atlético de Madrid celebra la victoria sobre el PSV Eindhoven tras la tanda de penaltis al final del partido de vuelta de octavos de final de la UEFA Champions League que se jugó en el estadio Vicente Calderón, en Madrid. EFE

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Agencia EFE

El Atlético de Madrid logró el pase a los cuartos de final de la UEFA Champions League obligando a sufrir hasta los lanzamientos de penalti a sus aficionados, a los que reclamó antes del partido que "nunca" dejaran de creer en un equipo que tuvo que llegar hasta las penas máximas para eliminar al PSV Eindhoven holandés.

El Atlético logró situarse por tercera temporada consecutiva entre los ocho mejores clubes de Europa, en una nueva vuelta de octavos marcada por el sufrimiento, como fue la del curso pasado ante el Bayer Leverkusen alemán; pero esta vez con 16 penaltis después de los 120 minutos de juego, prórroga incluida.

El lateral Juanfran Torres fue el encargado de catalizar la tensión que vivieron los aficionados rojiblancos durante más de dos horas, anotando el 8-7 definitivo en la tanda de penas máximas, aprovechando la parada del esloveno Jan Oblak al holandés LucianoNarsingh. Fue el momento en el que la afición rojiblanca estalló de júbilo, retomó el himno a voces y exorcizó más de 120 minutos de sufrimiento.

La puesta en escena fue más espectacular que el propio partido. Durante las horas previas, hervideros de seguidores se arremolinaban alrededor del coliseo rojiblanco. Por las fuerzas holandesas, unos 2.700 espectadores animaron al conjunto de Eindhoven desde el calentamiento del equipo holandés y no dejaron de hacerlo hasta el final.

El mosaico, propuesto por el club, que colocó tarjetas rojas y blancas en las localidades, rezaba Nunca dejes de creer, una consigna casi profética del sufrimiento que habrían de pasar los hinchas del Manzanares.

La primera parte supuso toda una prueba para la fe de los creyentes rojiblancos, ante el flojo desempeño de su equipo, falto de ideas ante el buen despliegue táctico del equipo dirigido por el holandés Phillip Cocu, que ocupó el centro del campo con cuatro jugadores por delante de los tres centrales, y obligó al Atlético a tomar la iniciativa.

La agresividad de la que carecieron los rojiblancos en el primer tiempo, salvando los últimos diez minutos de la primera parte, la tuvo la grada, espoleando a los suyos, aunque sin éxito, ya que los protagonistas se marcharon a los vestuarios sin goles en el tanteador. Y con algún susto en el cuerpo como varias paredes de Luuk De Jong con Marco Van Ginkel o del colombiano Arias.

La gente se levantó cuando Torres fue llamado al banquillo por Simeone para salir, y también aplaudió al argentino
Augusto Fernández cuando fue retirado para dar paso al de Fuenlabrada. Hasta entonces, nada de sustancia había acontecido, más allá de un cabezazo de Giménez, que aterrizó a la izquierda de la meta de Jeroen Zoet.

La hinchada comenzó a ponerse verdaderamente nerviosa en una acción en el minuto 57, originada por un disparo lejano de Jürgen Locadia y con varias réplicas visitantes dentro del área que tuvieron una mano providencial de Oblak y muchas dudas en el despeje. Apenas un minuto después, la grada apelaba al coraje de sus jugadores, pidiendo al Atlético que echara arrestos al partido, utilizando otra expresión.

Más de uno se llevó las manos a la cabeza con el doble disparo de Filipe Luis y Saúl íguez en el 62, además de con los intentos de Torres, el más claro un remate al palo en el minuto 86, cuatro antes de que los rojiblancos vieran cómo perdían un cambio por las molestias del central uruguayo Diego Godín, que tuvo que retirarse y dejar su sitio al francés Lucas Hernández, poco antes de que el árbitro decretara el final del tiempo reglamentario y diera paso a la prórroga.

Con el ambiente gélido del Manzanares, tan solo Torres encendió un poco a los suyos, y Griezmann después de una buena jugada de Saúl por la derecha. El ilicitano fue el protagonista de la siguiente acción, en la que fue objeto de falta en el semicírculo del área grande, que Gabi envió por encima del larguero, cerrando lo poquito que se pudo ver en la primera mitad de la prórroga.

El Atlético pareció fundido, no solo físicamente sino también en cuanto a la mentalidad en la segunda mitad de la prórroga, con errores en pases e incluso alguna imprecisión en defensa que permitió un disparo peligroso del mexicano Andrés Guardado a cuatro minutos del final del tiempo extra.

La tanda de penaltis fue todo un thriller, en el que hasta catorce lanzadores desfilaron sin fallo y quizás con más opciones de detener alguna pena máxima por parte del neerlandés Jeroen Zoet. Sin embargo, fue Oblak quien logró llevarse el gato al agua deteniendo el lanzamiento de Narsingh y dando la oportunidad a Juanfran para que anotara, corriera hacia la esquina derecha y se viera sepultado por sus jubilosos compañeros. El Atlético en cuartos de la Champions, otra vez.

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