7 de julio de 2014 12:45

Argentina-Holanda es un clásico del fútbol mundial, con perfil político

Mario Alberto Kempes. Foto: Getty Images

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AFP
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Argentina y Holanda reeditarán el miércoles, 9 de julio, en semifinales del Mundial-2014 otro capítulo de una rivalidad deportiva con sabor a clásico, pero mezclada con un fuerte tono político desde que la albiceleste logró en 1978 (en casa) su primer título mundial en plena dictadura (1976-83).

El 25 de junio de 1978 el entonces dictador Jorge Videla (fallecido en prisión en 2013) levantaba sus brazos en señal de festejo desde su palco del estadio de River Plate, escenario de la final que Argentina le ganó a Holanda 3-1, mientras a solo diez calles de allí funcionaba el centro de torturas y exterminio de la ESMA de Buenos Aires, el más emblemático campo de concentración de la dictadura.

En esas vueltas de la historia, la hoy reina de Holanda, la argentina Máxima Zorreguieta, se casó en 2002 con Guillermo Alejandro, el actual monarca, sin que a su padre Jorge Zorreguieta se le haya permitido asistir a la fastuosa ceremonia por haber sido viceministro de Agricultura durante la dictadura.

Tampoco asistió a la ceremonia de entronización de su hija como reina de Holanda, el 30 de abril de 2013.

Regresando a 1978,  los periodistas extranjeros, sobre todo holandeses, comenzaron a dar a conocer al mundo lo que luego se sabría en detalle: 30 000 desaparecidos, según organizaciones humanitarias, en unos 300 campos clandestinos de detención diseminados en todo el país y miles de arrestados.

“El Mundial fue la más descomunal y genial campaña de propaganda de la dictadura militar y la única exitosa, porque la otra fue la de Malvinas”, dijo Miriam Lewin, coautora del libro “Ese infierno” y una de las pocas sobrevivientes del centro de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Una polémica aún persiste sobre las celebraciones de los triunfos de Argentina en el Mundial-1978 porque para muchos se trataba de un espaldarazo al régimen mientras arreciaba la represión y para otros de una válvula de escape de una sociedad agobiada por la situación política.

En el documental “Mundial 78, la historia paralela”, Estela de Carlotto, la titular de la entidad humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo, relata que cuando sus familiares festejaban los goles argentinos mientras ella y su esposo lloraban por su hija y nieto desaparecidos, les decía: “Mientras ustedes gritan, se apagan los gritos de los torturados”.

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