26 de junio de 2014 19:02

Miles de argelinos estallan de alegría con histórica clasificación a octavos

Islam Slimani anota el gol de Argelia tras una mala salida del guardameta ruso Akinfeev. Foto: AFP

Islam Slimani anota el gol de Argelia tras una mala salida del guardameta ruso Akinfeev. Foto: AFP

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EFE
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Miles de argelinos agolpados en el centro de la capital frente a una pantalla gigante para ver el partido entre su selección y la rusa estallaron de alegría tras un empate (1-1) que clasifica a 'los verdes' por primera vez en la historia para los octavos de final.

Subidos en las rejas de las ventanas de varios edificios, en la única fuente de la plaza que hay en frente de la sede de Correos, en varias casetas de la luz, en las señales de tráfico e incluso en los árboles, ningún aficionado se quiso perder este partido y cualquier sitio era bueno.

El ímpetu de los rusos nada más salir al campo de juego del Arena da Baixada de Curitiba dejó fríos a los jugadores argelinos y a los miles de aficionados que contemplaban el partido, muchos de ellos encomendándose a Alá.

El gol de cabeza de Alexander Kokorin en el minuto seis tras un centro de Dimitry Kombarov cayó como un jarro de agua fría sobre los aficionados amontonados en la plaza.

Aunque los 'zorros del desierto' comenzaron a recomponerse y a rehacer sus líneas, la afición, desde casa, parecía no levantar cabeza.

Los nervios devoraban a los telespectadores, que sufrían en silencio apenas aplaudiendo alguna oportunidad o resoplando cuando los rusos se aproximaban al área defendida por Mbolhi.

En la segunda parte, las tornas se cambiaron y el cabezazo de Slimani en el minuto 60 tras elevarse por encima de la defensa desató un aluvión de gritos, botes y fuegos artificiales.

Se agitaron banderas, se tiraron cohetes y se incendió la plaza de bengalas. Incluso algún padre lanzó a su hijo por los aires.

Argel estalló en un grito. La selección nacional regresaba al partido y volvía a tener opciones de superar la fase de grupos, algo que nunca había conseguido en sus tres participaciones mundialistas (España 1982, México 1986 y Sudáfrica 2010).

El resto del partido transcurrió cardiaco, angustioso para todos los que clavaban sus ojos en la pantalla gigante levantada frente a la sede de Correos, 'La Posta' como la llaman los argelinos, y donde se han proyectado todos los encuentros del mundial.
Nadie quería perderse un segundo, ni siquiera los agentes de policía desplegados para evitar que la situación se desbordase.

En los últimos minutos comenzó tímidamente la fiesta que acabó convirtiéndose en un desbocado grito de alegría descontrolada cuando el turco Cuneyt Cakir hizo sonar el pitido que marcaba el fin del partido.

Argelia saltó por los aires, los aficionados se unieron en un bote y se abalanzaron después hacia la zona reservada donde se encontraba la prensa y la mayoría de las pocas mujeres que se decidieron por ver el partido en 'La Posta'.

Todos querían acercarse lo más posible a la pantalla y compartir su alegría con las decenas de cámaras de televisión que recogían el momento histórico.

Después comenzó una procesión frenética de autos repletos a rebosar de jóvenes argelinos asomados por todas las ventanillas o subidos a los capós, ondeando banderas verdiblancas y celebrando la histórica clasificación de su selección.
Una celebración que muy posiblemente continúe hasta bien entrada la madrugada.

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