13 de diciembre de 2017 00:00

El árbitro ecuatoriano tiene otro oficio

Omar Ponce muestra una tarjeta amarilla, en un encuentro ante el Macará

Omar Ponce muestra una tarjeta amarilla, en un encuentro ante el Macará. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Redacción Deportes
deportes@elcomercio.com (D)

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Omar Ponce, de 40 años, tiene dos oficios: es árbitro profesional y analista técnico de la Zona 5 del Ministerio de Deporte, en Guayaquil. Asegura que sus dos trabajos le permiten ‘redondear’ su salario para sostener a su familia.

El guayaquileño tiene la escarapela FIFA y es el que más ha dirigido en la temporada: ha estado en 27 encuentros de la Serie A. En total, 16 jueces pitaron en 264 partidos de las dos etapas del campeonato.

Al ser ‘FIFA’, por cada encuentro recibe USD 650, sin incluir los viáticos que ascienden a 300 por cotejo. Este monto lo entrega el club local antes de cada programación. El dinero sirve para el hospedaje, la movilización y la alimentación en la ciudad del compromiso.

Así, solo este año, Ponce debería haber recibido USD 17 550 por su labor en las canchas. Sin embargo, al igual que el resto de sus colegas, reclama que la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) se ha retrasado en el pago, en los últimos tres meses.

Luis Muentes, presidente de la Asociación de Árbitros del Ecuador, asegura que la FEF debe USD 600 000. Los incumplimientos incluyen las deudas a los colegiados de otras categorías. En total, son 35 en Primera. Y hay más de 200 para todos los torneos organizados por la Ecuafútbol.

Por los atrasos, el gremio amenazó con no dirigir las finales entre Emelec y Delfín y la repesca por el cupo a la Sudamericana, entre Técnico Universitario y Delfín. Al cierre de esta edición, se resolvía el conflicto.

Según la FEF, el incumplimiento en el pago de los canales incautados por el contrato de los derechos televisivos ha impedido pagar a los jueces.

Ante esta realidad, Ponce asegura que su otro oficio le permite tener recursos. Al igual que él, la mayoría de sus compañeros se dedica a otra profesión como a la docencia o tiene negocios particulares.

Diego Lara, árbitro de la Asociación de Pichincha, dirige un centro recreacional para niños en el sur de Quito, junto con su esposa. “El arbitraje lo hacemos por pasión, pero no nos ayuda para nuestros gastos”.

Lara perdió este año la escarapela FIFA. Por ello, solo recibe USD 550 por cada encuentro dirigido. Este año, ha pitado en 18 compromisos.

Roddy Zambrano, otro con escarapela FIFA, tiene un negocio de ‘catering’. Precisamente, él y Ponce, al cierre de esta edición, eran los candidatos para dirigir las finales.

Ellos dicen que aceptan las críticas en los partidos. Sin embargo, Ponce aclara que existen dos tipos de cuestionamientos. “El hincha genera una crítica sin mayor fundamento y que nace de una emoción. La otra nace de nuestros errores, y la aceptamos”.

Cuando los jueces cometen fallas durante los partidos y son suspendidos acuden a clínicas de arbitraje, donde analizan sus errores.

Además, se reúnen los lunes para hacer una autocrítica de su trabajo. La Comisión Nacional de Arbitraje y el Departamento Técnico mantienen en reserva la información sobre los jueces suspendidos y sus calificaciones de los encuentros.

Sandro Vera, vocal del Departamento Técnico de la Comisión de Arbitraje, asegura que los resultados no se difunden para proteger al árbitro en su “aspecto psicológico”.

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