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Los pedidos de disfrutar un partido de fútbol sin violencia, hechos por los entrenadores Edgardo Bauza y Carlos Ischia, de la ‘U’ y del Quito, no deben quedar en el aire. Esos hay que procesarlos e incorporarlos a un manual para después difundirlo entre los hinchas de todos los equipos del país. Esa es una forma para aumentar el entusiasmo por este deporte que une a todas las clases sociales.

Un fútbol sin violencia, esa es la esencia del fair play, tanto en la cancha como fuera de ella; hay que ir a un escenario sin miedo de ser agredido por hinchas de los equipos rivales; hay que recuperar esos espacios que las familias tenían décadas atrás, cuando iban y disfrutaban este deporte, alentando a los jugadores. Es hora de recoger las buenas experiencias de Inglaterra, España, Argentina, países que pasaron penurias con los enfrentamientos de los hinchas, pero que después pusieron sanciones drásticas para los líderes de barras bravas. Es hora de recoger ese entusiasmo que emanan los hinchas ecuatorianos pero para unir a la sociedad, evitando riñas y promoviendo el respeto entre los aficionados de los equipos.

Los mensajes de Bauza y de Ischia tienen que multiplicarse. Los llamados a ese clamor son los hinchas, jefes de barras, directivos, organizaciones, clubes… sin excepción, con el propósito que el fútbol se mantenga como argumento para unir a un país tan fraccionado.

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