26 de noviembre de 2015 11:33

La pobreza en Guangaje es más evidente tras el despertar del Cotopaxi

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Modesto Moreta
Gabriela Quiroz
EL COMERCIO DATA
data@elcomercio.com

Las lluvias no llegan a la parroquia Guangaje, a una hora y media del cantón Latacunga, en Cotopaxi. No es un buen momento para esta pequeña comunidad, que se la recorre en menos de 10 minutos. Su páramo está deteriorado, la erosión es visible y no hay agua de riego…

Sus 8 500 habitantes viven una situación que va más allá del volcán Cotopaxi, que despertó tras 138 años y mantiene en alerta a toda la provincia que lleva el nombre del coloso. En Guangaje se espera con ansia la lluvia para lograr una buena cosecha, sus cultivos de papas, cebada o maíz tienden a secarse o las plantas apenas alcanzan los 25 cm de alto.

Conforme el sol calienta en la mañana, Manuela Cuchiparte ayuda a sus abuelos José Licintuña y María Toalá a sembrar ocas y habas. El hombre, de 81 años, ataviado con un sombrero café desgastado y ropa raída, remueve el suelo seco con un azadón. Coloca la semilla y la cubre con una capa de tierra. "Si es que llueve cosecharé algo para alimentar a mi familia", comenta en kichwa.

Manuela cuida a sus 10 hermanos, seis estudian en la escuela de la parroquia y los más pequeños se quedan en casa. "Por falta de dinero no compramos los útiles escolares, tampoco los zapatos para mis hermanos. Gracias a Dios por lo menos nos regalaron los libros", dice Manuela quien lleva en hombros a su hijo de año y medio.

Los pequeños de 15 a 5 años viven en dos mediaguas de bloques y techo de cinc, se levantan a diario a las 05:30 y una hora más tarde emprenden una caminata de 5 kilómetros con dirección a la unidad educativa. En estas vías polvorientas no hay transporte. Al día solo un bus sale a Latacunga, capital provincial, a las 13:30, trasladando a los maestros, caso contrario deberían pagar USD 30 para ir en camioneta.

Los padres de los 11 chicos trabajan en las fábricas de bloques en Latacunga, cantón en donde se concentra la mayor parte de la fuerza laboral de la provincia y es la que más tributa al Fisco (ver cuadro interactivo).

Por 11 horas de trabajo que empiezan a las 23:00 y se terminan a las 10:00 del otro día, ganan USD 3 cada uno. "Los USD 36 que reciben a la semana apenas alcanzan para comprar pocos alimentos". La construcción es el sector líder que sostuvo la economía de Cotopaxi, en el 2013, seguido del transporte, comercio y agro. Esto de acuerdo con el último registro del Banco Central.

Guangaje es una de las seis parroquias del cantón Pujilí y es la más afectada por la pobreza. 7 650 de sus 8 500 habitantes viven en extrema pobreza, es decir, el 90%.

Manuela Cuchiparte ayuda a su abuelo José Licintuña, de 81 años, a sembrar. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO

Manuela Cuchiparte ayuda a su abuelo José Licintuña, de 81 años, a sembrar. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO

Fernando Matute, alcalde del cantón, corrobora estos datos y reconoce que pese a que la provincia de 457 404 personas (proyección poblacional del INEC para 2015) es productiva, genera mano de obra y riqueza con la agricultura, la ganadería, la empresa, microempresa, el comercio y más, este cantón es uno de los más pobres de la provincia, el 60% vive en pobreza y extrema pobreza.

La mayoría carece de servicios básicos (agua potable, alcantarillado). El tipo de vivienda es con techos de cinc o fibrocemento y paredes de adobe o bloque. En toda la provincia, 14 242 hogares habitan en mediaguas (12,2% del total de hogares).

El Cabildo invierte USD 600 000 en la construcción de 240 letrinas sanitarias y en un proyecto de potabilización del líquido vital. Eso evitará la parasitosis que afecta a una gran parte de la población.

La difícil situación de la familia de Manuela también se extiende a la de Luis Cuchiparte, de 31 años. La falta de trabajo hizo que migrara a Quito varias ocasiones a laborar como albañil. Pero las obras en las que trabajaba se han cerrado, así que retornó al pueblo para ayudar en la agricultura a su esposa María. Con los USD 100 que consigue al mes no cubre las necesidades básicas de seis hijos, quienes padecen de parasitosis. "Es difícil alimentarlos, solo comemos sopa de fideo y cebada de dulce". Su hija de 18 años trabaja como empleada doméstica en Quito y con esto financia sus estudios a distancia.

Jaqueline Méndez, médica del subcentro de Salud, enfatiza que pese a la pobreza el índice de natalidad en la parroquia es alto. Aunque, "les ayudamos con charlas de planificación familiar la gente no entiende, hay familias que tienen entre 5 y 12 hijos".

Los niños no solo presentan parasitosis, como los hijos de Luis, sino también desnutrición, su alimentación está compuesta con más carbohidratos y poca carne y verduras.

María Uglla, de 39 años, vive angustiada. Uno de sus cuatro hijos no habla y no sabe cómo comunicarse con el menor de tres años. Necesita de un especialista que solo lo puede conseguir en Latacunga, pero no tiene recursos económicos ni para tomar el único bus que sale a Latacunga a diario, tampoco para ir a Quito, en donde vive su esposo, quien labora como oficial de albañilería.

El vicepresidente de la Junta Parroquial de Guangaje, Rodrigo Ilaquiche, dice que pese a ser una de las parroquias más antiguas de Pujilí, es de la que más emigran por la falta de fuentes de empleo y la escasa producción agrícola y ganadera.

De sus 14 000 habitantes, hoy solo quedan 8 500. "La gente migró a otras ciudades en busca de trabajo, otros se fueron en forma definitiva. Esta reducción también se observa en el número de alumnos. El año pasado estudiaban 2 000, ahora se matricularon 1 400".

El dirigente cree que la salida de la gente está justificada: "Nuestra provincia es productiva, pero acá no hay regadío para producir, no hay servicios básicos y empleo...".

Así como Manuela, Luis y María hay otra mujer en este poblado que espera el agua de lluvia. Hace tres meses sembró papas en su terreno, pero las plantas no se desarrollaron. Espera recuperar USD 200 de los ahorros que logró reunir con la venta de unos animales. "Siempre se pierde, no se gana. Lo único que nos queda es para comer. Al no haber agua de riego afecta porque no se puede vender en el mercado, eso mejoraría la economía del hogar".

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