6 de julio de 2014 19:09

591 769 jefes de hogar cuentan con estudios superiores

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Redacción Tendencias
investigacion@elcomercio.com

La mayoría de jefes de hogar solo completan la instrucción primaria en Ecuador. Se trata de 1 471 546 personas, según el último Censo de Población del 2010, realizado por el INEC.


Detrás de este grupo se encuentran las personas ‘cabezas de familia’ que completaron la instrucción secundaria: 845 381.

Mientras que 591769 jefes de hogar cuentan con estudios superiores.

Para Natalia Sierra, socióloga e investigadora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), estas cifras responden a que la mayoría de la población aún permanece en estratos sociales pobres.

Esto es el resultado, afirmó la experta, de una desigualdad social que incidió en el porcentaje de acceso a la educación en décadas anteriores.

No es coincidencia, entonces, que el rango de edad de los jefes de familia de entre 65 y 69 años corresponda al segmento mayoritario de la población que no cuenta con ningún tipo de estudios.

A decir de la socióloga, en ese entonces los jefes de hogar buscaban garantizar una buena condición económica más real e inmediata, sin ver al estudio como una opción a corto plazo.


Al desagregar geográficamente, Bolívar, Cotopaxi y Chimborazo son las provincias que presentan las tasas más altas de analfabetismo (superior al 13%).

Sierra sostiene que en el imaginario de las clases sociales pobres aún es evidente el predominio de una lógica relacionada con el mundo agrario. En estos casos las personas se incorporan al mundo social con el trabajo y la familia de forma más rápida, sin necesariamente ver al estudio como una opción.

A pesar de esto, el censo reveló que el mayor nivel de instrucción alcanzado por el 35,3 % de la población fue la primaria, la secundaria por el 23,0 % y superior por el 13,47% de la población.

Y dentro de los jefes de hogar, contar con un nivel primario de instrucción incide directamente a la hora de buscar trabajo. Así lo ha notado Lucía Taicuz, de 31 años, quien es jefa de hogar y reside en el Centro Histórico de Quito. Ella solo logró completar la escuela y posteriormente empezó a laborar en un taller de costura. La mujer confesó que “no le atraía tanto el estudio y que debía colaborar con dinero en su casa”. Lucía es madre de un niño de ocho años y para su sustento entrega frutas en un hotel del norte de la capital. Por esa actividad percibe USD 200 mensuales. Pero contrariamente a su realidad, ella espera que primogénito sí pueda completar su educación secundaria y porque no, también la superior.

A decir de Sierra, esta realidad tiene una explicación clara. “Si ya hay una reproducción de la vida económica, ¿para qué seguir estudiando?. Es una lógica más utilitaria, basada en lo que les va a servir de forma inmediata, justamente por la precariedad de sus condiciones”.

Con el crecimiento de la clase media en el país, a partir del año 2000, se produjo un cambio en la perspectiva imaginaria de los jefes de hogar. Y esta lógica tiene que ver con la educación vista como un mecanismo de éxito y de progreso.

Y con esta lógica, propia de la modernidad, la educación es considerada como una inversión que puede dar réditos, tanto económicos como culturales.


El rango de edad con más jefes de hogar que cuentan con educación superior fluctúa entre los 30 y 34 años. Según el último censo, 78 975 cabezas de hogar contaban con estudios universitarios.

En estos casos, la moratoria social, es decir el tiempo que transcurren desde que las personas finalizan sus estudios hasta que se incorporan a la vida social mediante el trabajo o la familia, es más prolongado.

Un ejemplo de este caso es el de Paúl Antuna, quien contrajo matrimonio y se convirtió en jefe de hogar luego de concluir sus estudios superiores. A pesar de ello, agregó Paúl, no siempre contar con conocimientos de tercer nivel es garantía de poder obtener un buen trabajo. Aunque al haber tenido un mayor contacto con la academia, agregó, se tiene una perspectiva distinta sobre las relaciones en el hogar y la futura crianza de los hijos.

“Se evidencia que las personas con estudios superiores inicialmente no tienen planes de convertirse en jefes de hogar. Lo hacen cuando pasan los 30 años, incluso después”, manifestó Sierra.

Esta moratoria social, se extiende aún más cuando los jefes de hogar cuentan con títulos de cuarto nivel. En el último censo, se reveló que el mayor rango de edad de jefes de familia que cuentan con postgrado está entre 35 y 39 años. Un total de 11 066 cabezas de hogar pertenecen a ese grupo.

Ana Cano, de 27 años, también es una jefa de hogar con estudios superiores. La mujer, que reside en el norte de la capital, cursó la universidad justamente para garantizar un mejor futuro a su hijo de seis años. “En este país eres poco cuando no tienes un título universitario. Te pagan menos y hay más explotación".

A decir de Sierra, en Ecuador hay una infravaloración de los salarios, lo que incide directamente que las personas ahora busquen un título universitario para ganar mejor.

Lo ideal dentro de una sociedad, según la experta, sería que la mayoría de jefes de hogar concluyan al menos con el nivel de educación secundario. Pero cree que debería ser un nivel secundario basado en una educación cultural, y no utilitaria exclusiva para el trabajo.

“La sociedad necesita de todas las profesiones. Y está claro que no todas las personas necesariamente deben cursar la universidad”.

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