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Damon Winter, fotógrafo de The New York Times, ganó el tercer lugar en una de las categorías de los Picture of the Year Awards (PoYI Awards) del 2012 con una serie de soldados estadounidenses entrenándose para el campo de batalla en Afganistán. Las fotografías muestran a los soldados viviendo en un lugar extraño; un grupo de jóvenes en medio de una guerra. A eso se suma una particularidad técnica: fueron hechas con un iPhone y editadas en Hipstamatic, una aplicación para 'smartphones' que provee a las fotos de un 'look' análogo, similar al de las Polaroid. Winter, además, fue elegido como fotógrafo del año.

La polémica se desató y continúa hasta ahora. Mientras unos defienden el uso de un teléfono y un par de filtros como herramientas válidas para contar una historia, otros se indignaron (y se indignan) porque que uno de los mayores premios de fotografía fue otorgado a una serie de fotos manipuladas para verse artificialmente 'vintage'.

Instagram cuenta con 80 millones de usuarios -incluyendo a varios de los fotógrafos más importantes del mundo- y muchos siguen cuestionándose si es válido utilizar una red social llena de platos de comida, autorretratos y fotos de mascotas para contar una guerra, un conflicto social, una protesta, la realidad más cruda.

Los fotógrafos ecuatorianos César Morejón, Diego Cifuentes y Karla Gachet, y el estadounidense Ivan Kashinsky dan su opinión alrededor de este debate. De ellos, Cifuentes es el único que no utiliza Instagram.

"Es un instrumento que yo decidí no usar y no porque tenga algo en contra; es solo un instrumento. No entiendo por qué hay esa polémica. Es un absurdo, los problemas reales dentro de la fotografía son otros", asegura Cifuentes.

"El problema no es el instrumento si no quién está detrás y cómo los usa", agrega, y da una explicación a esa fascinación o nostalgia que sentimos por la estética de la ­fotografía análoga, que esta aplicación busca replicar.

"Cuando tú ves una imagen hecha con film te das cuenta de que tiene volumen, que tiene estructura. Cuando creas, quieres que la imagen tenga alma", explica.

Todos los consultados coinciden en que la imagen debe ser lo más valorado, mientras que la herramienta o el equipo utilizados para lograr esa imagen quedan en un plano secundario. Los cuatro sostienen, además, que manipular las imágenes a través de distintos métodos de edición no es algo reciente para el fotoperiodismo.

Utilizar sus teléfonos para lograr imágenes de calidad profesional es apenas un paso más en la escalera de las innovaciones tecnológicas. Hace poco, Kashinsky comenzó a retratar el barrio de su casa, en Tumbaco, con su iPhone e Instagram bajo el hashtag #ProyectoMiBarrio. Su proyecto justamente busca reflejar esa fusión entre lo nuevo y lo viejo: la llegada de nuevos inquilinos provenientes de la ciudad, como él, expuestos a un entorno en donde todavía se conservan algunas costumbres rurales o propias del campo.

"Siempre tengo el teléfono conmigo. No importa adónde vaya, lo tengo en mi bolsillo. Es menos intrusivo, puedo sacarlo, disparar un par de imágenes y nadie dirá nada. El efecto no sería el mismo si estaría con mi Canon EOS 5D Mark III. Por último, es un proyecto 'en vivo'. Instantáneamente puedo compartir mi trabajo con 35 000 seguidores. Y eso lo hace emocionante", cuenta Kashinsky.

César Morejón usa Instagram para retratar su cotidianidad "de una forma más lúdica". Lo atrajo la posibilidad de encontrar el trabajo de muchos fotógrafos reconocidos que la utilizan esta red social. "La fotografía, en general, nunca ha dejado de cambiar. Nada que se cree para 'democratizarla' o hacerla más sencilla la arruinará. Lo importante sigue siendo lo que las fotografías dicen (...) Nunca encontrarás a un buen fotógrafo hablando del equipo que utiliza".

"Yo tengo la teoría de que si alguien empieza preguntándote qué cámara usas, es porque no entiende mucho de fotografía", dispara Karla Gachet -cuyo CV luce un premio del World Press Photo- y asegura que con la llegada de Instagram "solo cambia la herramienta, pero el reto es el mismo y el talento es algo que va mucho más allá de cualquier efecto".

Nunca podremos saber con certeza en dónde se puede esconder una buena fotografía. Muchas veces puede surgir de lo cotidiano o de lo que a primera vista parecería simple o rutinario. El hecho es que un 'smartphone' y las aplicaciones dirigidas a la fotografía hacen posible que ese principio básico, tener la cámara siempre a mano, sea una realidad.

Aunque todavía hay algunas desventajas, como la calidad en el momento de imprimir las imágenes o la captura de imágenes con menos luz -problemas totalmente superables con el equipo adecuado-, las ventajas que ofrece un 'smartphone' para un fotógrafo profesional son considerables. Los resultados están a la vista.


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