Este vitral de gran formato es una muestra de la pericia de Pablo Mora. Foto: Alfredo Lagla /  EL COMERCIO

Este vitral de gran formato es una muestra de la pericia de Pablo Mora. Fotos: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

La antigua técnica del vitral sigue latente en el taller Rayuela

Víctor Vizuete.
Editor (I)

La técnica del vitral es un procedimiento arcaico que no ha variado mucho de las que usaban los artesanos góticos del siglo XII.

Hoy como en el medioevo o el renacimiento, se siguen utilizando las cañuelas de plomo, las cintas de cobre y la llamada grisalla, que es una pintura sobre el vidrio que imita a la perfección los rostros y otras partes del cuerpo humano.

El arquitecto y músico Pablo Mora lo sabe bien, pues es uno de los artífices actuales de está vieja especialidad. Ahora oferta su arte en Rayuela, un taller colectivo ubicado en la avenida Francisco de Orellana (el viejo y tradicional camino de las romerías a Guápulo), donde ven la luz artesanías del corte más diverso, como las de papel maché, trabajos en madera, lámparas Tifanny, cuadros al óleo, grabados.

Aunque arquitecto de profesión, Mora optó por seguir los dictados de su ADN y se dedicó de lleno a fabricar vitrales, tomando la posta de su padre, Oswaldo, uno de los más grandes vitralistas que ha habido. Y está en el oficio por cerca de tres décadas.

Los vitrales pueden colocarse en cualquier parte, hasta en una puerta o una ventana.

Los vitrales pueden colocarse en cualquier parte, hasta en una puerta o una ventana.

Y aunque las técnicas son esencialmente las mismas y la elaboración de un gran vitral sigue siendo una cuestión de perseverancia y paciencia, Mora se apoya en las ‘ayuditas’ tecnológicas de última generación que permiten agilitar y perfeccionar el trabajo.

Una de estas herramientas es, por ejemplo, una que posibilita ejecutar grandes vitrales con precisión y rapidez.

“Además, si algo no me gusta, puedo cambiarlo sobre la marcha. Y hasta puedo visualizar cómo quedarán los vitrales en el sitio”, afirma.

Los 600 tipos de vidrios -en colores, texturas y calidades- que ahora existen en el mercado son otra ayuda invalorable. Los precios van en concordancia con el formato y la complejidad del diseño. Recién acaba de entregar un vitral a una dama alemana a cambio de USD 2 000. Es casi su rutina.