Tapices como de las chismosas, los danzantes incas y figuras precolombinas decoran los espacios del restaurante. Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Tapices como de las chismosas, los danzantes incas y figuras precolombinas decoran los espacios del restaurante. Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Los tapices de Salasaka tienen perfil decorativo

Modesto Moreta. Coordinador 
(F - Contenido Intercultural)

Los tapices que tejen los artesanos salasakas ayudan en la decoración en el hogar y la oficina. El colorido y la variedad de diseños crean ambientes relajantes, renovados o de un estilo diferente para el comedor, la sala, el dormitorio, el estudio. También, en el piso.

Más de 100 diseños se tejen en el taller de Francisco Masaquiza. Está dedicado al tejido de los tapices más de 50 años en su comunidad Patuloma en la parroquia Salasaka, ubicada en la vía Ambato-Baños.

Con su habilidad y buen gusto decoró las habitaciones de su propia hostería denominada Salasaka. Cada uno de los espacios son matizados con paisajes de la vida andina como las chismosas, el volcán Tungurahua, la gente de su pueblo y la Pacha Mama (Madre tierra en español).

Además, la fauna de Galápagos, figuras precolombinas, la chacana o cruz andina y los danzantes, estos últimos personajes importantes de este pueblo de Tungurahua.

Francisco Masaquiza tiene su taller en la comunidad Patuloma.

Francisco Masaquiza tiene su taller en la comunidad Patuloma.

En sus ocho telares rudimentarios teje estas prendas. Las máquinas están armadas con madera atada con sogas de cabuya. Los pequeños hilos de lana de borrego de color blanco son templados y sujetados por largueros de madera.

Masaquiza cruza de un lado a otros los hilos de colores y da forma al paisaje y una variedad de figuras que no guarda en libros o cuadernos, todas las tiene grabadas en su cerebro. Él ajusta con otro madero más grande y pesado que baja y golpea uniendo así las hebras. La tela que se forma es de una resistencia que puede durar hasta más de 20 años.

Masaquiza, de 60 años, aprendió esta labor desde los 10 años. Su padre, que llevaba el mismo nombre, le trasmitió esos conocimientos y saberes ancestrales. Cuenta que en cada uno de sus tejidos se inspira en la historia, la gente, la naturaleza, las vivencias, los personajes y las figuras incas para plasmarlos en su obra.

Sus trabajos son admirados por los turistas de Estados Unidos, Alemania, Suiza, España o Chile que le visitan y adquieren estas prendas. “Ellos al conocer esta técnica de tejido nos compran. Un tapiz puede costar de USD 20 a 800. Todo depende del tamaño y la complejidad del tejido”.

Los animales andinos como la llama también se tejen.

Los animales andinos como la llama también se tejen.

En su taller teje de a poco un tapiz que narra la vida del incario. Esta es representada mediante figuras humanas, vasijas, animales y utiliza colores café, amarillo, azul y blanco. En el restaurante de su hostería muestra los animales andinos como la llama y las aves como el curiquingue, el quinde y el majestuoso cóndor.

El artesano también tintorea los hilos de lana con yerbas y flores. Estas son molidas y vertidas en el agua hirviendo para obtener colores como lila, morado, rosado, verde y otros.

De los tapices considerados como tradicionales son las populares chismosas. En el tejido muestra a un grupo de mujeres salasakas de espalda y conversando. Ellas visten el anaco negro, el rebozo morado o lila, la blusa y el sombrero de ala corta blancos, mientras observan al volcán Tungurahua en erupción. También las montañas como el Chimborazo. Cotopaxi o Carihuairazo.

Transportan a sus espaldas dos pondos vacíos y que luego retornan llenos con agua que consiguen en las fuentes consideradas sagradas.

También hay tapices con la representación de jardines con abundantes flores, colibríes y otras especies animales. Se grafica, asimismo, la minga, que es la reunión de varios vecinos con sus herramientas.

Las cobijas también son elaboradas como tapices. Estos dan colorido al ambiente. “La idea que se transmite es de tranquilidad y de armonía con la naturaleza, la Pachamama (Madre Tierra), el sol y el aire”, afirma Masaquiza.