Las terrazas verdes o vivas, como esta del edificio Plaza Garden, son idóneas para retener el exceso de agua de las lluvias severas, pues esta se drena paulatinamente. Foto: Pavel Calahorrano/ Construir.

Las terrazas verdes o vivas, como esta del edificio Plaza Garden, son idóneas para retener el exceso de agua de las lluvias severas, pues esta se drena paulatinamente. Foto: Pavel Calahorrano/ Construir.

La prevención es la mejor arma para resistir a los inviernos

Víctor Vizuete E.  Editor (I)
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Los inviernos severos, como el que sufre ahora el país, confirman que con la naturaleza no se juega. Las siete casas colapsadas solo en el Centro Histórico de Quito son un pequeño ejemplo de su poder.

Ante la imposibilidad de enfrentar con éxito esos diluvios cuando ya suceden, la pregunta es: ¿qué hacer para salir bien librados de sus efectos?

Según el Arq. Fernando Almeida, la prevención es todo; es decir, tomar acciones prácticas antes de que lleguen las lluvias para, cuando lo hagan, los inmuebles soporten de buena forma sus embates.

La tarea no es tan complicada como parece, afirma el Arq. Eduardo Vallejo. Hay suficientes sistemas constructivos, herramientas y materiales para reforzar las estructuras y otros elementos de una construcción y blindarlos contra la acción del agua.

Unos son naturales y han existido siempre, como las piedras y las plantas. Otros son artificiales y han sido creados por el ser humano, como los impermeabilizantes, los policarbonatos, la madera ‘plástica’, el aluminio decorativo…

Vallejo, experto en restauración, saca a flote una fórmula muy usada en las épocas pasadas: el uso de la cal viva como componente de los mampuestos (morteros y mezclas). Esta adición los vuelve más impermeables y resistentes a la acción del agua, hongos y eflorescencias (esas pelusas blancas que descascarán la pintura y los enlucidos de las paredes).

En sitios con una alta incidencia freática del suelo, como Los Chillos, siempre se deberían levantar los cimientos por encima del nivel del suelo unos 10 a 15 cm. Y si eso no es posible, incorporar zócalos de piedra que cubran la base de las viviendas, asevera Vallejo.

Cosa curiosa. Son las plantas las mejores protectoras contra los fuertes inviernos. Esto ha hecho, por ejemplo, que todas las edificaciones francesas deben incorporar, por ley, terrazas verdes o vivas.

Joan Proaño, gerente de Proaño & Proaño Constructora, afirma que las terrazas verdes o techos vivos cumplen con los propósitos de absorber las aguas lluvias y aislar térmicamente los edificios. En cuanto a la retención del agua lluvia, estas terrazas previenen las inundaciones.

“Según el tipo utilizado y el espesor del medio de cultivo, el flujo del líquido puede reducirse en un 50 a 90%. ¿Las razones? Gran parte del agua regresa al ciclo hidrológico natural por evapo-transpiración de la capa vegetal. El exceso se filtra y drena paulatinamente, reduciendo la sobrecarga del sistema de alcantarillado urbano. Esto, al final, podría resultar en un ahorro fiscal significativo”.

¿Qué pasa con las viviendas que no tienen terrazas vivas? Pues deben echar mano de la tecnología que existe en el mercado, que es variada y depende del tipo de elemento que se quiera reforzar.

Los impermeabilizantes están a la cabeza de la fila. Existe un menú inmenso de estos químicos, para todo tipo de problema. Y todas las casas especializadas que operan en el país las ofrecen: Imptek, Sika, Tespecon, Pintulac, Intaco… Existen desde selladores de resinas acrílicas para fisuras capilares tipo tela de araña, hasta láminas asfálticas y de aluminio para impermeabilizar las cubiertas entejadas.

En pisos exteriores, decks, pérgolas o bordes de piscinas también la ciencia ha metido cuchara. Tres ejemplos de eso son el Plycem, el microcemento y el WPC (Wood and Plastic Composite).

El primero es un fibrocemento compuesto por cemento, carbonato de calcio, fibras celulósicas y otros agregados sintéticos y reciclados. El segundo es un recubrimiento cementicio muy fuerte que se aplica como un mortero fino (polvo) sobre cualquier área.

El WPC es, en cambio, una madera tecnológica que posee el 50% de fibra natural de madera, el 30% de polietileno y el 20% de aditivos (carbonato de calcio, talco, cera PE, pigmentos), explica Ángel Cruz.

Los tres materiales son idóneos para resistir la acción de inviernos largos y duros.

¿Hay algo nuevo para las fachadas? Seguro. El aluminio decorativo es el que más se usa en este momento. Además de poseer un acabado muy estético, es un excelente aislante térmico y acústico y, asimismo, es ultrarresistente a la acción de los agentes naturales.
Las piedras reconstituidas son, asimismo, otra opción .