La madera es un elemento que predomina en este inmueble construido en la década de los 30. Fotos: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

La madera es un elemento que predomina en este inmueble construido en la década de los 30. Fotos: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

La patrimonial Casa Lupercio fue recuperada

Giovanni Astudillo. Editor
(F-Contenido Intercultural)

La Casa Lupercio, ubicada al oeste de Cuenca, forma parte del Patrimonio Cultural del Estado desde febrero de 2009. Fue edificada a partir de 1930 y perteneció a Juan Luis Lupercio, quien fue uno de los más reconocidos maestros albañiles del siglo XX en el Austro.

El legado de su propietario original, las técnicas ancestrales de su edificación y el estilo de arquitectura popular sirvieron para que el Ministerio de Cultura la incluya dentro del inventario de los bienes patrimoniales que deben ser conservados en el Ecuador.

Este inmueble cuenta con 636 m² de construcción y está emplazado en un terreno de cerca de 1 000 m². La mayoría de sus paredes es de adobe o adobón. Y están enlucidas con barro o chocoto.

De acuerdo con sus características originales se la debía enmarcar dentro de la tipología de las casas-quinta.

“Lupercio construyó su casa con técnicas similares a las edificaciones patrimoniales que hay en el Centro Histórico de Cuenca”, señala el arquitecto Gustavo Lloret, quien dirigió al equipo de restauración de este inmueble.

Lupercio, en su trayectoria, levantó edificios patrimoniales importantes como el actual Banco Internacional y el Pasaje León, en el Centro Histórico de la capital azuaya.

Elementos actuales fueron incorporados para su nuevo uso.

Elementos actuales fueron incorporados para su nuevo uso.

“Conocía mucho de construcción. Era un autodidacto, un maestro de obra que se guiaba con los planos elaborados por profesionales de la época (inicios del siglo 20)”.

Los dinteles de las puertas de la Casa Lupercio están elaborados con grandes pedazos de madera de capulí, que era una variedad muy utilizada en Cuenca durante los principios años del siglo XX, dice Lloret.

Los cimientos están edificados con técnicas tradicionales empleando la piedra y el barro. Según Lloret, el maestro Juan Luis Lupercio dominaba las técnicas ancestrales de construcción con adobe, bahareque, el uso de estructuras de madera, entre otras.

Esas mismas técnicas están plasmadas en la Casa Lupercio, que está ubicada en la zona de El Tejar. Anteriormente, ese sector era considerado como el centro regional de fabricación artesanal de ladrillos, adobes y tejas.

Antes de la intervención el inmueble estaba en malas condiciones, abandonado y en proceso de destrucción. En el proceso se recuperó la estructura de madera del techo y algunas piezas fueron sustituidas. Tiene una cama de carrizo, barro y un recubrimiento de teja. En cambio, las puertas de madera son nuevas, pero se conservó el diseño tradicional de carpintería. “Se trató de imitar el estilo original”.

Desde el segundo piso se puede apreciar la teja artesanal de la casona.

Desde el segundo piso se puede apreciar la teja artesanal de la casona.

Los muros de adobe se conservaron de forma íntegra. Tienen revoques de barro y empañetados de guano.

En la restauración, que duró cerca de un año, se invirtieron USD 350 000. Allí, laboró un equipo de 25 personas, entre albañiles y carpinteros, principalmente.

El actual propietario es el Banco del Austro. Sus ejecutivos impulsaron el proceso de intervención para preservar el inmueble patrimonial. El diseño exterior no fue alterado, dice Lloret. Solo hubo algunos cambios internos porque la casa fue adaptada para crear cuatro departamentos, que tienen entre 90 y 180 m².

Los antiguos pisos de madera fueron reemplazados por cerámica y piso flotante, pero guardando un estilo que no atente contra el estilo original del inmueble.

Además, se reforzó el entrepiso para generar un aislamiento eficaz del ruido.

Las instalaciones de agua, energía eléctrica y otros servicios son nuevas porque no existía debido a que estuvo abandonada por más de cinco años, señala el arquitecto Lloret. Según él, fue interesante ajustarse a las técnicas tradicionales de arquitectura e incorporar las contemporáneas.