El diseño de los muebles de totora cautiva a los visitante de Urki Wasi. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

El diseño de los muebles de totora cautiva a los visitante de Urki Wasi. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

Una mueblería inspirada en la totora que dejó atrás las esteras

Washington Benalcázar
(F-Contenido Intercultural)

Todos los muebles son de fibras de totora. Los sillones, la mesa central, las bancas y las camas de las habitaciones del proyecto Urku Washi (Casa de la Montaña, en español).

Edward Barragán, diseñador industrial nacido en Colombia, es el ideólogo de la construcción de dos inmuebles en forma de domos y su decoración interior con totora, que se confecciona en la comunidad indígena de Tocagón, cantón Otavalo, en Imbabura.
Comenta que junto a Sebastián Caiza, líder de la localidad, impulsan este emprendimiento destinado al turismo comunitario.

En el 2005, Barragán llegó a esta parcialidad kichwa, perteneciente a la parroquia San Rafael de la Laguna. Fue contratado para asesorar a los artesanos de la empresa Totora Sisa (Flor de Totora), que antes únicamente elaboraban esteras, una especie de alfombra, de fibras entretejidas. Así recuerda Martha Gonza, exdirectiva de la empresa comunitaria otavaleña.

El creativo, que había recolectado experiencia de artesanías de pueblos ancestrales de Sudamérica, ayudó a diversificar los diseños de los manufactureros otavaleños.

Las camas tiene la forma de balsas elaboradas con las fibras del lago vecino.

Las camas tiene la forma de balsas elaboradas con las fibras del lago vecino.

Entre otros artesanos, Juan Aguilar y Antonio Aguilar tuvieron la oportunidad de viajar y visitar talleres de tejedores de totora de Perú, Bolivia y Colombia. A su retorno crearon una amplia variedad de muebles y adornos para el hogar y la oficina.

Una década después, Edward Barragán concretó su sueño: construir un local acogedor para los turistas que visitaban esta zona, considerada un mirador natural del lago San Pablo. Y para ello aprovechó los detalles más mínimos para no alterar el entorno.
“La idea fue utilizar los materiales propios de la zona”, explica el diseñador.

De esta manera surgió la idea de elaborar la mueblería con las fibras de totora, que crecen generosas en el vecino complejo lacustre.

Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO

Sin embargo, la pasión por el diseño obligó al extranjero a armar conceptos que justifiquen cada forma y la razón por la que los muebles y adornos fueron incluidos.

Así, por ejemplo, la mesa central de la sala adoptó la forma de una cuchara, similar al lago vecino. Los almohadones del sofá también se inspiraron en las montañas vecinas, como el ‘taita Imbabura’.

Mientras que las bancas tiene una suerte de espaldar pequeño, que representa el cuello de los ponchos de la vestimenta típica de los otavalos.

Todos los muebles tienen una estructura interior de metal, forrados de fibras doradas.

Las camas igualmente son dos balsas de totora, como las que utilizan los kichwas, para surcar los lagos imbabureños.