La arquitecta colombiana María Cecilia O’Byrne es catedrática universitaria, conocedora de la vida, obra e ideología de Le Corbusier. Foto: cortesía CAE-P

La arquitecta colombiana María Cecilia O’Byrne es catedrática universitaria, conocedora de la vida, obra e ideología de Le Corbusier. Foto: cortesía CAE-P

María Cecilia O’Byrne: ‘Hay que entender que la arquitectura es un acto social’

Yadira Trujillo Mina.
Redactora (I)

La semana de la arquitectura puso varios eventos en la agenda de la ciudad la semana pasada. Entre los encuentros se montó una muestra de Le Corbusier y sus discípulos colombianos Castro, Salmona, Samper y Vieco.

La presentación de la exposición que habla de estos personajes, hitos de la arquitectura mundial, estuvo a cargo de la arquitecta colombiana María Cecilia O’Byrne, catedrática universitaria, conocedora de la vida, obra e ideología del arquitecto galo-suizo.

En el marco de su visita, O’Byrne habló de Le Corbusier, la ciudad y la vivienda. Entre otras cosas, expuso las ideas de ciudad y planificación de los maestros de la arquitectura y acercó algunos de sus conceptos a la realidad latinoamericana actual...

De Le Corbusier se dice que es un excelente arquitecto y un mal urbanista. ¿Es posible esta distinción?

Yo no estoy de acuerdo con esa idea. Quien hace esa distinción no entiende su arquitectura o no entiende su urbanismo, considerando que este último se sustenta en una excelente arquitectura.

La única ciudad que hizo Le Corbusier fue Chandigarh, en la India. Yo estuve ahí en cuatro oportunidades. Después de viajar por todo el mundo, nunca he conocido una población más feliz.

Bajo esta visión, ¿cómo es el “buen urbanismo”?

Precisamente el de Le Corbusier. Él rompe con la idea de ciudad tradicional. Dice que el gran problema de la ciudad contemporánea es el automóvil. La ciudad del pasado no estaba pensada para el automóvil porque no existía. Por lo tanto, lo que hay que crear son las condiciones para que la velocidad lenta del peatón y la velocidad rápida del auto puedan desarrollarse de una manera armónica.

Si se tratan de soluciones urbanísticas, ¿cuál es el inconveniente para aceptar esa propuesta?

Para hacer las soluciones de convivencia pacífica entre peatón y vehículo, Le Corbusier propone un modelo de ciudad que rompe de manera radical con lo que estamos habituados en la ciudad tradicional. De manera que choca porque nos hemos acostumbrado a vivir de otra manera.

Una de las cosas más impresionantes cuando uno llega a Chandigarh es que por donde van los vehículos no va la gente. Entonces la primera sensación que uno tiene es un poco terrorífica, porque no se ve a la gente caminando, porque la gente camina por los parques.

Además de la falta de planificación con relación al peatón, ¿qué otras falencias en la planificación urbana identifica en las ciudades que hay en Latinoamérica?

Siguiendo al mismo maestro, habría que tomar en cuenta su modelo de construcción de ciudad a partir de cuatro funciones puntuales: habitar, trabajar, recrear el cuerpo y el espíritu y circular. El problema es que cada una de estas se leyó de manera equivocada y separadas entre sí. De modo que se hicieron viviendas sin equipamientos y se creó una modernidad que no fue la soñada por los maestros, sino como una versión comercial, más intuitiva que estudiosa. Así se generaron, en nombre de la modernidad, problemas que son importantes no solo en América Latina.

¿El tema de vivienda social es otro eje que no se comprende todavía como parte de la planificación urbana?

Yo tengo un consejo para un arquitecto que trabaje vivienda social. Cuando desarrolla un proyecto de estos y es incapaz de vivir en él es porque el proyecto no funciona. Lo que tienen los maestros de la arquitectura como Le Corbusier, como Salmona como Samper es que son arquitectos que entendieron que la arquitectura era una función social y entregaron su vida a hacerlo de una forma impecable.