Gómez en su taller de la Mitad del Mundo en la tarea de medir una madera. En la derecha un minibar casero. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Gómez en su taller de la Mitad del Mundo en la tarea de medir una madera. En la derecha un minibar casero. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Maderas y piedras de río que se vuelven casas liliputienses

Víctor Vizuete, Editor
(F- Contenido Intercultural)

Patricio Gómez Villacreses tiene 57 años, de los cuales por lo menos 40 se ha pasado embebido en sus talleres dando forma a decenas, cientos de casas de escala liliputiense y que no superan el metro y medio de altura.

También se ha dedicado a diseñar sapos y ranas en varios materiales o a adquirirlos de forma casi compulsiva.

Actualmente, su zoológico casero posee más de 1 000 de estos anfibios. Claro, también pinta y, últimamente, ha adquirido pericia en crear esculturas en tela engomada de ‘las lluchas’, imágenes tridimensionales de damas pertenecientes a las diversas etnias ancestrales del Ecuador.

Fabrica, asimismo, objetos utilitarios como portamacetas, portallaveros y unos minibares ideales para proveer de cerveza o licor de forma ágil y rápida. Estos hasta se pueden llevar a cualquier parte.

Pero lo que de veras le consume el tiempo es la fabricación de sus casas de pequeño formato cuya particularidad es que son réplicas exactas de las tipologías ancestrales, coloniales, republicanas, de haciendas... También tiene diseños de iglesias al estilo de la capilla chimboracense de Balbanera o de molinos de viento, de clara influencia holandesa.
Lo que seduce de estos trabajos es la perfección de los diseños y acabados, que tienen tolerancias milimétricas.

El detalle es cuidado al milímetro. El piso de cantos rodados y la baranda de entrada de esta casa son exactos. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

El detalle es cuidado al milímetro. El piso de cantos rodados y la baranda de entrada de esta casa son exactos. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Sus casas son tan perfectas que hasta tienen colgados cuadros de pocos centímetros en las paredes interiores. O entablados de duelas de colorado de 5 mm de espesor en los pisos de salas, corredores o porches. Y ventanas de 3 x 4 cm o puertas de 6 x 2 cm.

Para eso, Gómez recolecta y consigue los materiales con la experticia de un minero.

Las pequeñitas piedras de río que cubren muchas de las fachadas de las minicasas las consigue hurgando en el lecho de los ríos del noroccidente de Pichincha; las maderas de laurel y balsa haciendo de roedor de los aserraderos. Los vidrios y cerámicas también los encuentra en jornadas puerta a puerta por fábricas y vidrieras.

Listos los materiales, Gómez se encierra a crear en su taller de la Mitad del Mundo.
Aunque las casitas son pequeñas, el trabajo es inmenso. En una grande, por ejemplo, se demora unos tres meses. En una casita de piedra pegada unas tres semanas.

Los precios están en concordancia con la calidad de las obras. Y varían desde USD 100 de las casitas hasta 6 000, de los formatos más grandes.