El taller de ebanistería San Lorenzo, ubicado en la parroquia que lleva ese nombre, genera empleo a jóvenes del lugar. Fotos: Katherine Delgado para EL COMERCIO

El taller de ebanistería San Lorenzo, ubicado en la parroquia que lleva ese nombre, genera empleo a jóvenes del lugar. Fotos: Katherine Delgado para EL COMERCIO

La fina madera montuvia atrae al extranjero

Bolívar Velasco. Redactor
(F - Contenido Intercultural)

En el taller de ebanistería de la parroquia San Lorenzo, en Manta, Manabí, la madera de la zona se convierte en creaciones personalizadas.

La teca, el tangaré o el bambú reciben tratamiento especial en ese lugar que funciona en la casa parroquial de la zona.

El local es regentado por la Operación Mato Grosso, una organización no gubernamental de voluntarios nacionales y extranjeros que combaten la pobreza en cuatro países.

Ellos montaron la ebanistería en 1997 y en todos estos años ha servido para generar fuentes de empleo para los jóvenes de San Lorenzo, que se autodefinen como montuvios.

Actualmente laboran 10 personas que con los años aprendieron a darle el tratamiento primario a la madera, luego a tallar y finalmente a proporcionarle un acabado ideal que hace que muebles, sillas, mecedoras y taburetes tengan una presentación llamativa.

Las mecedoras se construyen con acabados de calidad.

Las mecedoras se construyen con acabados de calidad.

Nixon Rivera se involucró hace 20 años en el taller y aunque ha tenido varias funciones en todo ese tiempo, sabe que las exigencias demandan de mucho esfuerzo y dedicación.
Es por eso que los artesanos trabajan bajo pedidos.

La mayor parte de sus obras se tarda entre tres y cuatro meses, dado que sus clientes llevan fotos o ideas en bocetos para que les repliquen diseños que encuentran en otros países.

Así, por ejemplo, trabajaron por más de dos años en la creación de un conjunto de accesorios para un extranjero canadiense que vive en Manta.

Él es apasionado por los elementos de la marina, por lo que acudió al taller de los jóvenes de San Lorenzo para satisfacer sus gustos.

La mesa de comedor, sillas, camas y aparadores de su vivienda llevan tallados con el ancla de la marina, brújulas, telescopios y hasta figuras de un mapa.

Kléber López, administrador, cuenta que ciudadanos de Italia, Estados Unidos y España llegan al sitio por referencias que otros extranjeros proporcionan en sus países.

Cuando arriban a San Lorenzo recorren el área de exhibición que tienen para mostrar sus trabajos de alta calidad.

Se muestran muebles de dormitorio, puertas, ventanas, modulares, aparadores y juegos de comedores.

El proyecto tiene un área para la exhibición de sus obras.

El proyecto tiene un área para la exhibición de sus obras.

Con las ventas se logra autosolventar los gastos que demanda el trabajo que despliega en la zona la Operación Mato Grosso. Además, se sustentan con las colaboraciones que llegan desde Italia, con la cual se logró construir el taller.

En el sitio también se conoce un poco de la cultura y cómo los montuvios desarrollaron sus habilidades para trabajar la madera de los bosques manabitas.

López cuenta que todo surgió por el apego que el montuvio tiene hacia el campo, que se presta para activar esas destrezas que muchas veces no son explotadas por los comuneros.

El ejercicio empieza cuando se corta la madera, se la trata con técnicas rudimentarias y hasta el momento que crean elementos para la supervivencia como las viviendas.

Es ahí cuando va surgiendo el arte y el ingenio para componer accesorios, agrega López.

Las iglesias manabitas también demandan de trabajos en este taller de San Lorenzo.
Réplicas de imágenes de santos, de la Virgen María, altares, estrados y sillas para la celebración de las misas se han elaborado en la ebanistería.

La relación con la iglesia católica y los jóvenes del taller inició por gestión del arzobispo José Mario Ruiz.

Ahí se lo recuerda porque fue quien intercedió para que la Operación Mato Grosso extendiera su cooperación a la costa manabita. Desde entonces incursionaron en elementos artísticos con todo lo que se pueda hacer en madera.

Para los montuvios de San Lorenzo, el taller es una alternativa diferente a la ancestral pesca, de la que han vivido por años los habitantes.

Los costos de los artículos varían de acuerdo con el tamaño y la madera con la que han sido fabricados. Por ejemplo, un velador cuesta USD 180 y una silla 130.

López, cuenta que ese costo se debe al esfuerzo, al tallado y a los acabados finos que lleva trabajar con la madera.

Debido a esto, los clientes que más llegan al sitio son extranjeros que no dudan en cancelar ese valor por los trabajos.

Una de las metas de los administradores del taller es dar más fuentes de empleo a los jóvenes de San Lorenzo.

Para eso, se realizan charlas y se dan talleres periódicos donde se enseñan las técnicas.