Las chozas de las comunas tsáchilas se construyen sobre explanadas. En los alrededores, esos lugares están cubiertos por los arbustos nativos de cada territorio. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Las chozas de las comunas tsáchilas se construyen sobre explanadas. En los alrededores, esos lugares están cubiertos por los arbustos nativos de cada territorio. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

La luz natural es prioridad en las casas tsáchilas

Bolívar Velasco 
(F-Contenido Intercultural)

En los territorios de la nacionalidad Tsáchila se desarrolla un proceso de cambios de su infraestructura. Los nativos aprovechan estas iniciativas para poner en práctica sus conocimientos ancestrales arquitectónicos.

De esa forma, en la comuna Chigüilpe, ubicada en el kilómetro 7 de la vía Santo Domingo-Quevedo, poco a poco se remoza con nuevas chozas y centros ceremoniales.

Desde agosto, por ejemplo, el centro cultural Tradiantsa ha incorporado unas cinco estructuras de caña guadúa y paja toquilla como parte del plan.

La líder de este proyecto es Albertina Calazacón.

La experta tsáchila explica que tras 50 años decidieron desmontar cabañas que ya habían cumplido su vida útil.

Es el tiempo que en la etnia consideran prudente para mantener en pie una infraestructura ancestral, conforme al principio de la durabilidad de los materiales de sus creencias.
Según esta cultura, los productos deben obtenerse en cuarto menguante para que puedan resistir a la humedad, lluvias y también el sol.

Siguiendo estos principios, Freddy Calazacón, cada noche acude al bosque Uni-Shu para conseguir la toquilla y el pambil. Esta vez ha decidido priorizar en su técnica la forma inculcada por sus ancestros.

Es decir, la pureza de los materiales, libres de todo tipo de agentes externos como el barniz o la lija. Por estos días se construye el tercer centro ceremonial bajo otra de las costumbres de los ancestros tsáchilas. Es de 20 metros cuadrados de construcción y cuenta con un tumbado maderable en forma de v invertida.

La tradición de los tsáchilas ordena que la parte frontal debe quedar descubierta para la entrada de la luz lunar en las noches. La iluminación se concentra en todo el centro de la estructura y forma la figura de la luna sobre una planicie.

Los lados laterales son los únicos que disponen de una suerte de caída para facilitar la fluidez del agua, en tiempo de lluvias. Mientras se construyen los centros, los turistas continúan llegando al centro cultural Tradiantsa.

En cada visita los turistas conocen cómo los tsáchilas se organizan cada día para la minga que deriva en la puesta de cada pieza o accesorio.

Lucía Quiñónez llegó desde Esmeraldas y se unió a la tarea.

Así supo que los nativos de Santo Domingo cuentan con una gran destreza para organizar simétricamente cada sección de la paja toquilla.

Una vez puesta en el techo se las observa como una de las faldas que portan los tsáchilas, pero de manera invertida.

Para aplicar el pambil en las columnas de las chozas se sigue otra tradición.

Ellos utilizan los árboles que tiene una suerte de tallado natural. Para esto priorizan el uso de aquellos troncos que alcanzan los 100 años de existencia y los 30 metros de altura. Cada madero se corta en jornadas extensas y de varios días.